La historia no se repite en vano. Probablemente el 2023 se reserve varias características y desafíos que le fueron inherentes al 2022. En algunos casos, será la ocasión para vérselas, una vez más, con cuestiones siempre presentes, casi sistémicas, relacionadas con la matriz económica argentina, como la falta de dólares propia de un país periférico de desarrollo medio o las tensiones que se inscriben en el marco del contexto inflacionario y la puja distributiva. Por otro, se tratará de capítulos pendientes de resolución, herencias que no han podido ser atendidas en tiempo y forma, como los interrogantes que trae la numerosa deuda en moneda local. Por último, habrá que sopesar la rigurosa línea de los compromisos, la eterna deuda externa que siempre pareciera resurgir con sus imposiciones que le son naturales. De ser así, la enorme familia de excelentes profesionales que conforma Ámbito tendrá la responsabilidad de comunicar y analizar, como sólo sabe hacerlo este medio. No por nada Ámbito cumple 46 años de vida, siempre vigente y en constante proceso de expansión.
Todo lo dicho anteriormente tiene una nota al pie: en las próximas semanas, Ámbito concretará el primero de sus numerosos pasos camino a la evolución regional al dar a luz Ámbito Uruguay, un medio especializado en economía, finanzas, negocios y energía que dará cobertura a la nutrida agenda del hermano país, con una redacción especializada en el acontecer del mundo político, económico y corporativo que tiene lugar en Montevideo, Maldonado y zonas de influencia. La confianza de los accionistas y directivos del Grupo Indalo, conglomerado del que forma parte Ámbito, ha impulsado en los últimos meses este enorme objetivo: hacer de Ámbito un medio que pueda ser la referencia del periodismo económico regional con una mirada vinculada al mundo empresarial y de desarrollo para promover la integración.
En el plano doméstico y siempre tomando en cuenta la importancia de los indicadores que evidenciaron un crecimiento permanente a lo largo de todo el año, la incertidumbre de las decisiones que deberán tomarse en el futuro cercano ha sido marca registrada este año. Las reformas pendientes no deberían escapar al debate más legítimo e incluso integrar las plataformas electorales de los candidatos, un escenario desprovisto de condicionamientos y con una mirada integradora de toda la sociedad.
Incógnitas
Son numerosos los interrogantes que se adscriben en esta línea. A lo largo de las próximas páginas, los verdaderos protagonistas de la economía les ponen letra a sus balances y proyectos y trazan un mapa interesante de sus expectativas. El epicentro de ese trayecto de doce meses que comienza el primer día de enero del 2023 será la elección presidencial. En la previa, el itinerario que llevará a esa instancia tendrá numerosos vectores a tener en cuenta.
Por un lado, el programa concertado con el Fondo Monetario Internacional gravitará con fuerza en el manejo de la política económica. Si bien un sector del Frente de Todos se ha mostrado reacio a consensuar las cláusulas firmadas por el exministro Guzmán, lo concreto es que el ministro Massa ha realizado ingentes esfuerzos por honrar los compromisos asumidos, en la porfía de que esa constituye una señal que puede calmar las olas de volatilidad. El concepto podría ser: en 2022, atenerse a los requerimientos del FMI fue condición necesaria -pero no suficiente- para lograr que aminoren los graves problemas que tiene la economía. A la vez, el debate a cielo abierto acerca de la necesidad de sumar en la política económica un capítulo que ponga el foco en la reproducción de las condiciones materiales de subsistencia -y en el exorbitante avance del costo de vida- contribuye a que incluso tenga que ser el propio Gobierno el que deba seguir buscando condiciones propicias para solventar los problemas que acusa un sector de la sociedad.
Desafío
La inflación es quizás la principal discusión pendiente. Detrás de esa árida dinámica se esconde el enorme incremento de la canasta básica. Se trata de una dificultad a la que el Gobierno no pudo encontrarle atenuante a pesar de los numerosos programas y planes puestos en marcha, visto el escenario internacional ante los grandes incrementos en el costo de la energía.
La deuda también asoma como un condicionante a tener presente. Las evaluaciones trimestrales del FMI y las permanentes reuniones que anteceden a esas evaluaciones conforman ya un escenario compartido con los dirigentes locales. El programa con el organismo consensuado en su momento por el exministro Martín Guzmán tendrá que ser renegociado y es probable que de allí surja una arquitectura de la deuda distinta de la que hoy se tiene.
Lo dicho anteriormente le pone un parámetro de los desafíos: la Argentina anudará dos años consecutivos de crecimiento pos-pandemia, en 2022 rondaría el 5%, pero los indicadores que refieren al poder adquisitivo del salario parecieran permanecer divorciados. Cabe pensar entonces que ese desafío debería ser la mejora de las condiciones básicas de vida de la sociedad a la par del crecimiento.
Por último, existe una buena parte de la dirigencia empresarial que enfrenta el desafío de tomar decisiones lo más acertadas posibles en el curso del año electoral. ¿Qué camino tomarán los productores de bienes exportables frente a las diversas condiciones y modificaciones en la política cambiaria y de retenciones? ¿Cómo coordinar desde el Gobierno una política de precios/salarios en una coyuntura que tiene a una inflación corriendo al 6% mensual? ¿Qué clase de reacción pueden tener los precios relativos de la economía y cómo anticiparse?
Sabido es que el devenir económico mundial no regala sonrisas. La pelea por la inflación en Estados Unidos promete llevar su tasa de referencia más arriba y endurecer las condiciones de los mercados, lo que afecta negativamente a las economías emergentes vía depreciación del valor de las commodities, salida de capitales (llamado “fly to quality”) y un menor crecimiento a nivel global. A ello habrá que sumarle un riesgo de recesión en las tres principales potencias económicas mundiales, como son Estados Unidos, China y la Unión Europea, y las complejidades para conseguir energía, producto de las decisiones rusas tras las sanciones por la invasión militar a Ucrania. En el final, el parate en China producto del recrudecimiento del covid podría generar mayor freno.
En síntesis, la economía argentina deberá transitar el 2023 con problemas de larga data y de difícil resolución, sumado a un entorno adverso. La expectativa electoral y los debates que deben darse serán una buena oportunidad para alinear expectativas y profundizar en las soluciones requeridas. En Ámbito estaremos preparados para asumir el desafío de informar con pluralidad, exactitud y profesionalismo. Como lo hemos hecho siempre.
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