Para quienes analizamos los escenarios productivos, las inversiones y el comercio internacional, el 2022 nos ha dejado un mandato claro: es esta, como pocas veces antes, la hora de innovar en políticas de desarrollo económico para crecer en nuestras exportaciones.
La pandemia y el conflicto bélico en el corazón europeo pusieron en jaque las formas de hacer las cosas: modificamos pautas de conducta, las cadenas de abastecimiento se vieron alteradas y cambiaron drásticamente los modelos de intercambio de bienes y servicios cobrando un rol aún más protagónico los servicios basados en el conocimiento.
La guerra generó un impacto trascendental en la economía, las cadenas de abastecimiento y las redes logísticas internacionales. La Argentina está ante la oportunidad histórica de producir un elocuente salto en sus ventas externas de productos alimenticios y de sus cadenas asociadas, traccionando inversiones que permitan abastecer la creciente demanda de los mercados clave.
Este panorama, que está en la mira de la gestión pampeana, obliga a todos los actores a innovar. Estamos convencidos de que la articulación público-privada juega un rol protagónico para aprovechar la oportunidad y desarrollar soluciones a través de una estrategia comercial internacional inteligente, y la gestión del gobernador Sergio Ziliotto, con una tradición de sostener políticas de Estado, ha profundizado el desarrollo de los recursos para poder contribuir al crecimiento del comercio exterior nacional.
La pandemia aceleró los procesos de incorporación de tecnologías en hábitos y en industrias. Los autos cada vez son más un producto tecnológico que industrial, al igual que teléfonos, electrodomésticos y otros bienes. De igual manera la producción agropecuaria, los servicios de auditoría, contables, turísticos y financieros están mediados por tecnologías.
Por eso es clave incorporar en los procesos de planificación colectiva el concepto de “ruta tecnológica” que implica que mientras modernizamos nuestros sistemas productivos con tecnología ya existente podamos identificar aquellos nichos tecnológicos que podamos ocupar en los próximos cinco o diez años.
Esto es lo que hemos hecho en La Pampa en todos los sectores de inversión. Con la mira en potenciar los servicios basados en el conocimiento, asumimos el desafío de crear contextos de desarrollo, con beneficios fiscales, laborales y legales para las industrias del conocimiento que quieran radicarse en territorio provincial, para abastecer desde allí la enorme demanda insatisfecha a nivel global.
El objetivo en concreto es consolidar a La Pampa y a la Zona Franca de General Pico como un hub para los servicios basados en el conocimiento, desde el software hasta las farmacéuticas, en el marco de la apuesta a una diversificación de la matriz económica provincial.
El comercio internacional está signado hoy por una drástica merma del suministro para cubrir la demanda de maíz, soja, trigo, harinas, carnes y aceites. Lo hemos comprobado en la misión comercial que lideramos en 2022 a Europa para participar de la Feria Internacional de Alimentos SIAL de París, una de las más importantes del mundo, y también en los encuentros bilaterales con los principales importadores de alimentos en la Embajada Argentina en Madrid.
El mundo pide además energías limpias, y en ese sentido hemos puesto en marcha el primer parque fotovoltaico provincial con una inversión de 8 millones de dólares.
¿Qué ofrecemos en La Pampa?
Un andamiaje legal, impositivo, laboral y financiero cuyo eje es la sinergia público privada para transformar la matriz productiva y energética, dinamizar la economía pospandemia y aprovechar los recursos naturales y humanos calificados de la provincia en este contexto histórico.
Con esta fórmula, en lo que va de 2022 la provincia logró la concreción de 1.862 proyectos de inversión privados con una inversión estimada de $5.792 millones en la economía local.
Este es nuestro desafío para 2023: no dejar escapar una oportunidad única. La oportunidad de invertir en La Pampa para llegar al mundo.