La desregulación, el shock de ajuste, la liberación de precios, la apertura y las reformas que promete la era Milei entusiasman a los actores predominantes del círculo rojo. Los principales temores de los sectores productivos para el año que se abre.
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Javier Milei llega a la presidencia con la promesa de un shock de ajuste y una serie de transformaciones en la estructura económica que, en buena medida, replican el clásico ideario de los gobiernos liberales: desregulación, apertura, endeudamiento y privatizaciones, junto a una devaluación y liberación de precios, constituyen el combo que propone el mandatario electo. Otras resonadas consignas de campaña, como la dolarización y el cierre del Banco Central, parecen quedar en stand by, al menos por ahora. El anticipo de Milei para sus primeros largos meses de gestión es la conjunción de una recesión y una fuerte aceleración de la inflación. Si bien el grueso de los sectores admite que sentirá el cimbronazo, en el mundo empresarial la expectativa es dispar. Depende del sector y de la espalda de cada uno. En la crema del establishment, prima el anhelo de un giro estructural.
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Los mayores temores provienen de las pymes, que tienen fresco el recuerdo de la apertura de importaciones, los tarifazos y la caída de la demanda interna por el deterioro del poder adquisitivo en el gobierno de Mauricio Macri. Entre 2015 y 2019, cerraron 24.537 pequeñas y medianas firmas. Un esquema similar al que plantea LLA.
Son varios los sectores en alerta que buscan conocer detalles del plan de desregulación que buscará desplegar el presidente libertario sobre la base de un trabajo realizado por Federico Sturzenegger. Además del impacto propio de este modelo, preocupa la posibilidad de que el shock de ajuste también recaiga sobre los regímenes de promoción, como el de las industrias textil, electrónica y de bienes de capital, entre otras.
La mirada de Milei, que añora la Argentina del siglo XIX, y sus lineamientos iniciales auguran la perspectiva de reducir la industria nacional a su mínima expresión. “Tienen que cambiar el chip. Decir ‘lo que hago hasta ahora posiblemente ya no sirva más y, a menos que cambie en algo, va a ser muy difícil’”, interpeló Diana Mondino, canciller designada por Javier Milei, a los empresarios que la escuchaban en el Centro de Convenciones de Buenos Aires durante la 29ª Conferencia de la UIA, en referencia a la adaptación a la apertura comercial que propiciará su gobierno. Y les pidió que “aguanten seis meses más” ante el duro impacto en materia de actividad que auguró el propio Milei a partir de su plan de ajuste.
Si bien los dichos y el tono de Mondino no despertaron particular simpatía entre los asistentes, el clima predominante entre los industriales que se reunieron a pocos días del recambio presidencial no era de pesar. Incluso para un metalúrgico que esperaba un fuerte impacto en su producción por el freno a la obra pública. “Tendremos que hacer un sacrificio, pero es necesario”, le dijo otro empresario, integrante de la conducción de la UIA, a Ámbito. Una lectura que parece emerger desde los grandes grupos, los que tienen mayor espalda, y que permea en algunos sectores que se entusiasman con la liberalización de los precios y un acceso a divisas para pagar importaciones. Por caso, un representante de los laboratorios se mostraba optimista y ansioso por empezar a cerrar una brecha del 86% entre los precios de lista y los que les paga PAMI (que representa el 40% del sistema farmacéutico). Es solo un ejemplo más del combustible extra que tendrá la inflación (con la devaluación como turbina principal).
De fondo, la expectativa del círculo rojo pasa por la promesa de un giro estructural. Con reformas en la estructura y el peso del Estado, del sistema tributario, de la legislación laboral, que inclinen la balanza a su favor de cara a un nuevo ciclo de acumulación. Por ahora, la principal base de apoyo del gobierno de Milei (con Luis Caputo al frente de Economía) parece estar en los sectores financieros internacionales, los exportadores y los grandes grupos locales con peso en sectores estratégicos. Con todo, y pese a que saludan la designación de “Toto”, dos de los principales dirigentes del G6 ya sugieren en off que el equipo inicial podría ser de transición.
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