Se luce y aun más, se consagra Ana de Armas en “Rubia”, enésima biografía de Marilyn Monroe que Netflix acaba de estrenar. No tiene un cuerpo parecido –de lo que se deja constancia en las varias escenas de desnudos-, pero logra la misma expresión en los ojos, esa expresión a veces de perrito apaleado y otras veces de chica cordial, inocente y naturalmente sensual. El proble-
ma es que en gran parte de la
película se lo pasa llorando. Y que la película dura 166 minutos, casi tres horas, cuando con hora y media ya era más que suficiente.
La culpa es de Joyce Carol Oates, que escribió una novela de 918 páginas, y del director Andrew Dominik, que adaptó la novela y añadió lo suyo. Ambas obras son atrapantes, extenuantes, y falsificadoras. Atención, no se trata de biografías lealmente basadas en datos concretos, sino en imaginerías libremente inspiradas en esos datos, y en chismes. La escena íntima con John F. Kennedy, por ejemplo, además de burda parece inventada por Donald Trump para difamarlo a piacere. Pero se corresponde con el concepto de Oates repetido por Dominik: los hombres son todos unos asquerosos.
Conviene saber esto, y conviene ver la película por partes. Entera, de una sola vez, atosiga. Pero, aunque tenga divagaciones y engaños, cada parte puede resultar notable. El conjunto tiene una enorme variedad de recursos, el director de fotografía Chayse Irvin es tan loco y ansioso de experimentar nuevas formas como Dominik, y el montajista, la vestuarista y los músicos les hacen juego. Los músicos son Nick Cave y Warren Ellis, muy buenos, pero, la verdad, lo más lindo es escuchar de nuevo “Every Baby Needs A Dad-Dad Daddy”, “I Wanna Be Loved By You” y “Diamonds Are A Girl’s Best Friends” aunque no los cante la verdadera Marilyn sino, por razones de derechos, una buena imitadora.
“Rubia” (Blonde, EE.UU., 2022). Dir.: A. Dominik. Int.: A. de Armas, J. Nicholson, A. Brody. (Netflix).
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