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Por lo tanto, debido a los movimientos de hacienda que se hicieron, una vez que estas condiciones se tornen más favorables, una proporción considerable de la región dispondrá de excedentes de forraje, el cual tendrá pocas oportunidades de ser cosechado, al menos en lo inmediato, por dificultades en el acceso a las pasturas y en la oferta de maquinarias.
En cambio, si las aguas alcanzaron terrenos más altos, donde normalmente se implantan especies que requieren suelos más profundos, por ejemplo: pasto ovillo, cebadilla criolla, falaris bulbosa, trébol rojo o alfalfa, es probable que ocurran pérdidas importantes en la cantidad de plantas y por lo tanto las pasturas sufrirán un fuerte deterioro difícilmente reversible a través del manejo.
Por otro lado, es posible aseverar que puede mejorar su aptitud forrajera, ya que a diferencia de las especies nativas, períodos prolongados de inundación, disminuyen la cantidad de malezas.
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