El martes 14, por la mañana, realicé una visita al Mercado de Liniers junto a un grupo de ganaderos mexicanos. Cerrábamos así una gira por los campos argentinos, ya que estaban muy interesados en conocer nuestros modelos de producción. Entonces me preguntaron acerca de las noticias que circulaban sobre las restricciones a la exportación de carne y qué pasaba con el Mercado, ya que durante las visitas a los campos habíamos hablado de la transparencia de Liniers, la libre competencia del Mercado y su cualidad de «formador de precios».
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Realmente me sentí muy mal: sentí vergüenza. Las respuestas que tenía para darles desnudaban la íntima realidad de nuestro país: la incompetencia de los funcionarios, la imposición de medidas intervencionistas tan usadas en el pasado como ineficaces para terminar reconociendo que no hemos aprendido nada en los últimos 30 años. Tuve la sensación de estar relatando un cuento fantástico, o peor, uno de terror que no podría ser imaginado por el más creativo de nuestros escritores. Pero sabemos que la realidad supera a la ficción y la Argentina parece haber entrado en un túnel del tiempo, retrocedido a la época de las vedas, de los precios máximos y de toda la intolerancia que la incapacidad de encontrar soluciones de fondo a problemas urgentes vuelve a descargar sobre el sector ganadero. Esta vez, la veda del pasado -martes y jueves para el consumo de carne vacuna- se transformó en veda para exportar, burlando descaradamente esfuerzos y años de trabajo realizados por ganaderos e industriales en la conquista de nuevos mercados que ampliaran la frontera de la cuota Hilton; dando por tierra cuantiosas inversiones dedicadas en promocionar la carne vacuna argentina, la presencia en ferias internacionales en búsqueda de nuevos negocios que mejoren la integración de la media res, asegurar ingreso de divisas. Nueva paradoja: entonces, ¿para qué se creó el Instituton de Promoción para la Carne Vacuna?
Los falaces argumentos utilizados no son más que una demostración de la demagogia imperante: enarbolar una causa justa con la metodología equivocada y seguir confundiendo al «soberano» enfrentando a los argentinos. Una interesante perspectiva del método piquetero: ahora el piquete nos impide exportar, ahora el piquete amenaza con intervenir al Mercado de Liniers, reconocido mundialmente por su transparencia.
Los «hombres de negro», con saco y corbata, desentonan en las pasarelas pero no sólo por su vestimenta; lo hacen por la absoluta ignorancia que tienen sobre el funcionamiento del Mercado. ¿Me pueden explicar cómo lo van a intervenir? ¿ Impidiendo que los compradores paguen los precios que reflejan y asumen su poder de compra en relación con las expectativas de venta? ¿Obligarán a los ganaderos a remitir sus haciendas, tomando por asalto los embarcaderos de los campos? ¿ Pondrán un nuevo impuesto que se aplique cuando el precio supere lo que ellos consideran «óptimo» para evitar que los mismos se disparen en las góndolas? ¡Ay! Pido perdón a mis colegas ganaderos porque me parece que les di una idea.
Los abastecedores del mercado interno salen a pagar de acuerdo con la integración de la media res que hayan logrado; arriesgan al invertir en la compra de una materia prima altamente perecedera, y si el público no compra, pierden.
Tal vez cabe preguntarse si, a pesar de las subas sufridas en los últimos meses, la carne vacuna no sigue siendo el plato más económico; preguntarse cómo subieron los alimentos competitivos con la carne vacuna y si debido a ello el consumidor prefiere la carne incrementando la demanda: ergo, el precio. Tal vez no se dieron por enterados de que una mínima mejora del poder adquisitivo de la población impacta sobre la demanda de carne vacuna, ya que su consumo forma parte de nuestra identidad.
Quizás estén pergeñando otros piquetes: contra los útiles escolares, por ejemplo. Sería bueno que revisaran la viga que tienen en el ojo porque les impide ver la realidad. Tal vez, sólo tal vez, deberían revisar aquella frase: «la fuerza es el derecho de las bestias»; quizá ni recuerden siquiera quién la dijo. La máquina de impedir está aceitada como nunca y el mundo nos mira azorado cuando quienes nos gobiernan avalan, ya no sólo bloqueos económicos internacionales -de absoluta ilegalidad, como el que se le ha infligido al Uruguay- sino que, ahora, el bloqueo es interno.
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