Si bien era reciente la primera gran convulsión económica de la Argentina (1876), estos pasos desde el Ejecutivo fueron la vanguardia para que el país se convirtiera en un actor relevante en el mundo agroalimentario. Por entonces, hablar seriamente de proyecto país era natural. Tanto como valorizar la ciencia y la tecnología, o debatir políticas científicas. Donde la formación del ciudadano era una premisa. Una circunstancia que contrasta con el exacerbado cortoplacismo de estos últimos años. Al punto de escucharse decir con frecuencia: Educación, el debate ausente.
Un signo evidente del habitual desperdicio del trabajo intelectual y, por ende, de la creación de fuentes calificadas de trabajo, en especial, en economías regionales.
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