Si bien
desde 2003
la actividad
forestal
muestra
una participación
creciente en
la economía,
los
valores
asegurados
en la
Argentina
sólo
constituyen
3% de las
plantaciones
totales.
«El crecimiento exponencial que experimentó el sector forestal en la última década podría potenciarse a partir del desarrollo del mercado de seguros», sostuvo el estudio «Riesgo y seguro en el sector forestal», realizado por la Oficina de Riesgo Agropecuario de la Secretaría de Agricultura de la Nación.
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El trabajo reúne una serie de análisis sobre esta actividad en la Argentina, con relevamientos sobre cada tipo de riesgo (de incendio, climático, de mercado y fitosanitario).
También presenta los resultados de una encuesta dirigida a informantes calificados del sector, que permite identificar la demanda de seguros y sus perspectivas de desarrollo.
Si bien desde 2003 la actividad forestal muestra una participación creciente en la economía, los valores asegurados en la Argentina sólo constituyen 3% de las plantaciones totales, cuando en Uruguay y Chile superan 70% de las superficies. Sobre un total de 898.220 hectáreas, en nuestro país 27.780 hectáreas se encuentran cubiertas.
Se trata de un mercado poco desarrollado, donde la oferta y la demanda alcanzaron su punto de equilibrio. Los autores del trabajo explican que «el productor forestal aún no identifica al seguro como una herramienta idónea para externalizar riesgos o estabilizar sus ingresos».
Por parte «de las aseguradoras, pocas ofrecen actualmente el servicio y la mayoría lo hace como complemento de otros riesgos. Las empresas realizan la curva de experiencia en el ramo y encuentran dificultades en el canal tradicional de ventas», sostuvo el trabajo.
«Frente a factores adversos que amenazan la actividad, el productor puede optar por complementar las estrategias de reducción de exposición, con estrategias de transferencia del riesgo, total o parcialmente, como la contratación de un seguro. El principal beneficio de este contrato es la estabilización de los ingresos del productor, ya que la indemnización recibida en caso de siniestro le permite continuar en la actividad», explicó el trabajo.
A diferencia de otros rubros, en la forestación el período de cosecha se extiende por varios años, durante los cuales el valor de la madera va aumentando. Con el paso del tiempo, la cobertura le permite al productor una recuperación financiera. Si no se cubre y no logra controlar un evento adverso, las pérdidas serán tanto económicas como financieras.
Sin dudas, «el principal riesgo es el incendio, especialmente en la Patagonia y la región Nordeste; pero la información que se maneja es todavía escasa, y si bien se estudian las variables climáticas que facilitan la ignición y propagación, en pocos casos se integran al análisis las características topográficas y de combustibles», afirman los especialistas.
«En lo que hace a la mitigación y control, las principales limitantes son el acceso restringido al establecimiento, la disponibilidad de agua, los límites de los rodales y el mantenimiento de los equipos de combate. Sin embargo, las calles cortafuegos no siempre se ajustan a la regla y no se realizan otras prácticas básicas de prevención, como es el cese de actividades en períodos críticos», dijo el informe.
«La difusión del seguro forestal como opción de transferencia de riesgo y la promoción de acciones públicoprivadas para fomentar la contratación de una cobertura por parte del productor resultan actividades fundamentales para la actual etapa de desarrollo del sector. Los servicios financieros, como el seguro, permitenproteger el valor de las plantaciones existentes y mantener a los productores en la actividad», finalizó el trabajó.
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