Surge oportunidad para la ganadería argentina

Campo

La riqueza de las naciones suele medirse a través del Producto Bruto Interno, que consiste en calcular las ganancias netas del trabajo y del capital. O sea, ingresos menos egresos igual a renta.

Lo mismo que los trabajadores, los empresarios eligen el camino que los llevará a optimizar su ganancia.

Sin embargo, algunas declaraciones públicas encienden señales de alerta sobre cierto dirigismo económico, especialmente preocupante cuando se trata de expresiones de funcionarios del gobierno nacional. Y, si bien hay varios casos, el de la ganadería vacuna argentina,-su rol y sus posibilidades es, tal vez, de los más emblemáticos.

Por ejemplo, una de las afirmaciones escuchadas es sobre la descapitalización que se viene produciendo en este sector, por efecto de la faena de terneras en niveles superiores a los necesarios para la reposición de vientres.
Los datos son bastante claros y coincidentes entre los principales analistas, ya que el actual stock de vientres es de 21.000.000 de cabezas que producen al año 6.000.000 de terneras. La reposición mínima necesaria para mantener el actual stock sería de 5.200.000 terneras (25%). Pero, en el último ejercicio, se faenaron 1.572.000 terneras, lo que dejaría un remanente de 4.428.000 para reposición, es decir, faltarían 772.000 terneras para mantener el stock. Esto, sin tener en cuenta, además, que en el último año la faena de vacas fue superior al promedio de los años anteriores.

Otra afirmación escuchada -e innegable-es la siguiente:
«La ganadería como actividad comercial tiene como principal objetivo maximizar la rentabilidad». Sin embargo, a partir de allí, comienzan a surgir algunas diferencias conceptuales. Por caso, algunos sostienen que en los últimos años la posibilidad de convertir grano en carne con un animal muy eficiente como la ternera permitió mejorar el «negocio» de la carne. Ahora, según dicen, «la preocupación es que ante la inminencia de un maíz a bajo precio y un mercado firme para los terneros y terneras livianas, este negocio se expanda y termine por atentar contra el gran negocio que se le puede presentar al país en el corto plazo accediendo a mercados de alto valor y de alta demanda».

• Impulso

Por otra parte, se sabe que el tema de un peso de faena promedio excesivamente bajo, como el que hoy muestra la ganadería local (impulsado por las preferencias de la demanda interna) podría resolverse a medida que se abran esos nuevos mercados, ya que el aumento en el precio del novillo pesado demandado por la exportación impulsaría el negocio hacia la producción de animales de mayor peso.

El caso de las terneras es más complejo, pues se trata de futuros vientres y, ante esto, «algún» funcionario sugiere «exigir detener la faena excesiva» de hembras, a pesar

de que en el corto plazo tal decisión podría complicar al gobierno al restarle oferta de carne que podría afectar al abastecimiento local y/o evitar un aumento descontrolado de precios. Para justificar la «exigencia» sostienen que, si bien «serán los precios los que estimularán al productor a crecer y faenar animales más pesados, para ello es preciso contar con una provisión de terneros que aseguren sustentabilidad a la cadena. Y para que ello ocurra, hay que tener vacas; pero primero hay que tener terneras».

• Libertad

El punto es que, si volvemos al principio, al concepto de «renta» y de «optimización de ganancia», y un empresario decide vender terneras livianas engordadas en un corral, porque no tiene campo para recriarlas o porque le conviene económicamente, o por cualquier otra razón, debe ser libre de hacerlo, en tanto y cuanto vivamos en una economía lo más despojada de interferencias ajenas al negocio, como podría ser la intervención estatal.

Es más, es posible que la suma de las decisiones individuales de los 250.000 productores ganaderos de la Argentina conduzcan a mayores beneficios económicos para el país, y por ende a un mayor Producto Bruto Interno, que una decisión gubernamental, tomada por un funcionario, que por ejemplo prohibiera la faena de terneras livianas.

Intervenciones de esa naturaleza harían imposible la planificación de negocios a largo plazo. Porque en lugar de poder hacerlo sobre presunciones del comportamiento de los mercados, nadie sabría qué decisión pudiese tomar el arbitrio del funcionario de turno. A la larga, éstos le hacen más daño que bien a la economía, porque desalientan las inversiones, que son el motor del crecimiento del país.

(*) Especialistas en ganadería

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