Surge oportunidad para la ganadería argentina
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Los especialistas se manifiestan alertas por un posible dirigismo estatal en torno a la producción ganadera en el país.
Por otra parte, se sabe que el tema de un peso de faena promedio excesivamente bajo, como el que hoy muestra la ganadería local (impulsado por las preferencias de la demanda interna) podría resolverse a medida que se abran esos nuevos mercados, ya que el aumento en el precio del novillo pesado demandado por la exportación impulsaría el negocio hacia la producción de animales de mayor peso.
El caso de las terneras es más complejo, pues se trata de futuros vientres y, ante esto, «algún» funcionario sugiere «exigir detener la faena excesiva» de hembras, a pesar
de que en el corto plazo tal decisión podría complicar al gobierno al restarle oferta de carne que podría afectar al abastecimiento local y/o evitar un aumento descontrolado de precios. Para justificar la «exigencia» sostienen que, si bien «serán los precios los que estimularán al productor a crecer y faenar animales más pesados, para ello es preciso contar con una provisión de terneros que aseguren sustentabilidad a la cadena. Y para que ello ocurra, hay que tener vacas; pero primero hay que tener terneras».
• Libertad
El punto es que, si volvemos al principio, al concepto de «renta» y de «optimización de ganancia», y un empresario decide vender terneras livianas engordadas en un corral, porque no tiene campo para recriarlas o porque le conviene económicamente, o por cualquier otra razón, debe ser libre de hacerlo, en tanto y cuanto vivamos en una economía lo más despojada de interferencias ajenas al negocio, como podría ser la intervención estatal.
Es más, es posible que la suma de las decisiones individuales de los 250.000 productores ganaderos de la Argentina conduzcan a mayores beneficios económicos para el país, y por ende a un mayor Producto Bruto Interno, que una decisión gubernamental, tomada por un funcionario, que por ejemplo prohibiera la faena de terneras livianas.
Intervenciones de esa naturaleza harían imposible la planificación de negocios a largo plazo. Porque en lugar de poder hacerlo sobre presunciones del comportamiento de los mercados, nadie sabría qué decisión pudiese tomar el arbitrio del funcionario de turno. A la larga, éstos le hacen más daño que bien a la economía, porque desalientan las inversiones, que son el motor del crecimiento del país.
(*) Especialistas en ganadería


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