Brasil quedó a un paso de la historia
-
Batacazo: Tirante eliminó al 9° del mundo y habrá duelo argentino en semifinales de Houston
-
Los argentinos Navone y Ugo Carabelli avanzan a las semifinales en Bucarest y Marrakech
Leandro Damiao, goleador de los Juegos Olímpicos, festeja su segundo tanto ante Corea del Sur.
Romulo fue último receptor de un arranque de Neymar que Oscar convirtió en pase-gol y metió el balón por el ojo de la cerradura, entre el primer palo del portero Lee Bumyounga y el tardío cierre de Ki Sungyueng.
Damiao, con sus dos remates a la manera de centrodelantero clásico, ubicado en el lugar y en el momento oportunos dentro del área, fue un verdugo atento e impiadoso.
Con un planteo de laboratorio, de pizarrón, que los jugadores de la Seleçao habían anticipado en sus comentarios, jugaron al juego de Corea de Sur, ese de regalarle la posesión de la pelota y contragolpearlo.
Por eso el encuentro era un bostezo, un ir y venir de la pelota en la rotación desde una banda hacia la otra o un pelotazo largo fácil para los defensores, porque los asiáticos no conocen el arte de asumir el protagonismo.
Sólo las salidas en falso del arquero brasileño Gabriel o algún pase defectuoso de Rafael rompían la monotonía de este partido que parecía de ajedrez en semejante escenario de leyenda.
Decepcionaban, porque los ataques de Brasil se producían más por pases equivocados de Kim Younggwon o Yun Sukyoung.
Menezes resignó un delantero al no incluir a Hulk y situar a Alex Sandro en la doble función de asistir los avances por izquierda de Neymar y alternarse en la marca con Marcelo, cuya proyección ofensiva es una de las armas favoritas de Brasil, pero deja agujeros en su flanco.
Neymar estaba demasiado individualista y la mayor amenaza de gol del encuentro era el 9 de Corea del Sur, Ji Dongwon, con la búsqueda de centros aéreos que causaban sofocones a Thiago Silva y Juan o con remates de media distancia.
El ajedrez que le había planteado Brasil a Corea del Sur le resultaba un enigma, un crucigrama que no sabía resolver, pese a que Kim Bokyung y Nam Taehee organizaban inteligentes maniobras de progresión en la cancha, con movilidad y pases certeros.
En el momento en que quisieron presionar, sin ideas, sólo con el empuje de luchador sin cuartel de Koo Jacheol, se desmantelaron en su retaguardia y lamentaron una goleada.




Dejá tu comentario