El esloveno Aljaz Bedene es, por estas horas, uno de los más felices que se pasean por Palermo. Pero también se transformó en el antihéroe de los porteños. Llegó el ATP local en silencio, pero terminó siendo la inesperada sorpresa que bajó a algunos de los principales candidatos albicelestes.
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Su última víctima fue Federico Delbonis, después de una semifinal agobiante, donde el sol castigó fuerte. El europeo ganó 6-4, 2-6 y 6-1 un partido cambiante, por momentos tedioso.
Las tribunas del court central Guillermo Vilas estaban colmadas, siempre alentando al de Azul, pero sin dejar de reconocer la gran actuación de Bedene esta semana. Es que el oriundo de Ljubljana no tuvo piedad de Albert Ramos en segunda ronda, y luego Diego Schwartzman, la esperanza argentina en cuartos.
Frente a Delbonis, Bedene se sobrepuso al devastante calor porteño y al intento de regreso del azuleño, que era el último argentino del cuadro. Así se rompió la ilusión de ver a un campeón nacional luego de diez años.
El número 70 del ranking se va con la satisfacción de haber logrado su mejor resultado en el país, pero con la espina de no poder recuperar el trono argentino. "Acceder a una primera semifinal el muy bueno, me da energía y confianza, que es lo que buscaba. No deja de ser un buen resultado", analizó luego de la derrota.
"Delbo" jugó de la manera que mejor le sale, sin especular, tomando riesgos. Así como en otros duelos le dio rédito, ante Bedene careció de cierta precisión para lastimar al 51 del ranking. Estuvo afirmado, potente, pero sin muchas variantes, volviéndose predecible. El propio bonaerense confesó: "Mis tiros no le hacían daño. Me fui quedando sin energías, hizo mucho calor y al principio fue como un mazazo".
Hubo una intención de recuperarse con un buen segundo set, pero en un partido repleto de fallas el más regular y consistente iba a primar. Y fue Bedene, parejo con todos sus tiros pero sin ninguno que brille sobre el resto. Fue la segunda jornada consecutiva que pidió disculpas al público argentino por eliminar al favorito local.
Del otro lado de la red estará el máximo favorito del certamen, el austriaco Dominic Thiem. Llegó a la semifinal con un andar sereno, sin brillos extremos, pero este sábado borró de la cancha al francés Gael Monfils por 6-2 y 6-1. Por lejos, el parisino fue el más querido por el público argentino. Incluso, se fue del court central mucho más celebrado que el número 6 del mundo.
Thiem justificó en poco más de una hora porqué es finalista y porqué es uno de los dos o tres máximos exponentes del tenis sobre polvo de ladrillo. Este sábado pegó todo lo que no hizo en sus otros encuentros.
A Monfils lo sacó de la cancha, lo arrinconó contra los carteles del fondo. Así, el número 43 de la ATP no tuvo capacidad de reacción. Debió intentar tiros desesperados, arrebatados de potencia para poder causarle algún efecto al campeón de 2016.
Los números hablan por sí solos: Thiem ganó el 85% de los primeros saques, y Monfils sólo el 49%. Por eso no extraña que la "Pantera" no tuviera break points a favor, pero en cambio cedió cuatro veces su servicio de las nueve chances que tuvo el de Wiener Neustadt.
Sobre el final, el francés lució cansado, ya rendido. Había tenido una actuación sólida hasta el duelo con Leonardo Mayer la víspera, cuando ganó en tres sets. Para competir en niveles parejos ante el austríaco hace falta algo más que una buena tarde. Pese al calor, que no aflojó con el correr de las horas, Thiem usó todo su repertorio para doblegar a su rival. Resistencia física, contragolpes, fortaleza mental y tiros con violencia destruyeron poco a poco a "Le Monf".
Será otra temporada más sin un campeón argentino en la plaza nacional del ATP World Tour. Parecía ser un año diferente, pero los "invitados" serán los protagonistas otra vez. Sin embargo, será una final de alto voltaje la que se verá el domingo en la Catedral del tenis nacional.
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