Son 30 años del partido más trascendental de la carrera de Diego Maradona, acaso el día más celebrado del fútbol argentino. Los goles a los ingleses quedaron en la retina de todos y así lo vivió el capitán nacional en México 1986 en diálogo con Víctor Hugo Morales, relatando sus recuerdos sobre aquél 22 de junio y lo que siente hoy día a la distancia.
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Maradona irrumpió en el estudio de C5N y provocó la idolatría de todos. Pese a esto, fue él quien arrancó con palabras especiales hacia el conductor. "Todo lo que pasó con Víctor Hugo en los últimos meses y yo estaba en Dubai, me sentí mucho más amigo, más cerca. Sentí que le estaban sacando todo, injustamente".
En seguida, el excapitán rememoró las sensaciones vividas aquel 22 de junio de 1986 en México, del que fue gran protagonista, y el que lo terminó transformando en el más grande jugador de todos los tiempos.
"Quiero agradecerle a mis compañeros que me llevaron a ser lo que soy y ese campeonato ponerle la frutilla al postre y disfrutarla. Fue un equipo soberbio, notable, increíble. Con gente realmente inigualable. Jugábamos por nosotros, por las charlas que teníamos largas, inmensas, de cada cosa que nos pasaban", inició la charla el ídolo del Napoli.
"El partido con Inglaterra nos marcó a todos. Pensábamos en los chicos de Malvinas. Yo no confundo deporte con política y menos con una guerra que nos dio tanto dolor. Yo grité los goles como siempre, me entrené como siempre, pero veía a mis compañeros que daban más y quería dar más", evocó.
En ese sentido, enfatizó que "pensábamos en las madres de los chicos. Mandar a los chicos a la guerra fue una carnicería. Era una mentira escondida. No era lo mismo para nosotros que para ellos".
"Fue más especial lo de Inglaterra que la final. Vinieron periodistas de todo el mundo, porque se jugaban con botines y fusiles. Teníamos la idea fija de que ganando le podíamos atenuar un poco el dolor a las madres que habían perdido hijos en la guerra", prosiguió.
"Era demostrar quién era más hombre. Me di cuenta al primer raspón, al primer achique. Los ingleses venían a jugarse la vida, pero ellos no tuvieron en cuenta que nosotros íbamos a jugarnos dos vidas. Nos estábamos jugando la vida, nos miraba un país. Le teníamos que dar la alegría, porque no estábamos de vacaciones, y menos con Inglaterra. Y ahí sí metimos los chicos que murieron", agregó el campeón del mundo.
Diego fue invitado especialmente para recordar los dos tantos que le convirtió a los ingleses, La Mano de Dios y El Gol del Siglo. Pero poco después de su magistral gesta, los europeos le dieron un gran susto a los dirigidos por Carlos Bilardo. "Ese partido lo manejábamos nosotros. Nos descompensamos un poco en el 2-1, pero siempre el partido fue nuestro", corrigió.
"Fue el festejo del llanto. Nos cruzábamos y decíamos: 'Hicimos felices a un país, pero sobre todo hicimos mucho bien a las madres'. Era el pensamiento de todos. Queríamos decirles que nosotros con una pelota les ganamos, y eso se podría hacer antes, en vez de matarnos entre todos. Cuando nos enteramos que hubo felicidad, nos dimos cuenta que hicimos algo histórico para las madres y para el pueblo", se emocionó el exjugador de Argentinos y Boca en el país.
Y luego reveló lo que ocurrió más tarde: "En la noche hicimos una reunión, diciendo que habíamos ganado a Inglaterra, que era un turno importante, pero el siguiente era más importante, porque nos iba a llevar a la final".
Tras la parte emotiva, Maradona dio lugar a al maravilloso recuerdo: el de los goles. "En el de la mano, creo que me la deja José Luis Cucciufo. Si bien los ingleses eran duros, daban facilidades para recibir. Cuando encaro, le tiro una piedra a Jorge Valdano, y Kenny Samson, que achica, no tuvo en cuenta que este chiquitito le iba a ganar y no con la cabeza. Samson, te robé la cartera", relató el goleador argentino en dicho campeonato.
Sobre las críticas recibidas por los ingleses respecto al gol con la mano, disparó: "Ellos no se acuerdan que ganaron un Mundial con una pelota que no entró. Yo tengo que tener memoria pero ellos son desmemoriados. Al árbitro lo vi hace poco, esta viejito pero me dijo que volvería a cobrarlo".
Luego, fue el tiempo del considerado mejor de la historia. "Es el gol soñado. Uno de los ingleses me dijo que era como correr al lado de un pura sangre. Yo arranco pensando que era un contragolpe, que ellos ya no volvían igual. Jorge Burruchaga y Valdano me van haciendo el aguante. A Terry Butcher lo saco para afuera y se la tiro para adentro. Peter Beardsley se le terminó la nafta. Terry Fenwick, que era el último, estaba haciendo el parabrisas, por si la tocaba o me iba yo, pero cada vez retrocedía más y era bárbaro. Cuando él mira a Burruchaga y Valdano, le engancho para afuera y quiere voltearme, pero ahí ya era Monzón, ya no me podían tirar. Tenía toda la fuerza del mundo. Cuando voy a definir, pensé que Peter Shilton iba a cubrirme como todos los arqueros, pero no. Estaba solo, y Butcher venía cerrando y me pegó un patadón que en cualquier lado de la cancha me sacan en camilla, pero cuando le pegué y entró, me olvidé de la patada, el mundo... le estábamos asegurando el partido a Inglaterra".
Así evocó el "Diez" su gesta. Ese mediodía del 22 de junio, Maradona dejó de ser el mejor del mundo para transformarse en leyenda. El mundo del fútbol ya no lo vería igual. Pero eso no le impide volver a sus carentes inicios en Villa Fiorito y rememorar, entre dolor y felicidad, a sus padres.
"Con mi enfermedad, no les pagué a mis viejos como debía. Pero con el fútbol les di todo lo que tenía. Estamos a mano", dijo entre lágrimas el exfutbolista.
Por último, Maradona dejó un pronóstico y mensaje para la final de la Copa América que disputará la Selección argentina en EEUU: "El domingo ganamos, obvio. Si no ganamos, que no vuelvan".
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