Convengamos que esto de River vs. Belgrano y en el monumental, sólo le trae recuerdos a los que hoy no pueden festejar ni un cumpleaños. Porque River puntea el torneo, invicto, es el actual campeón del fútbol argentino, juega, gana y gusta. Todo lo demás es para el folclore.
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Como ya es costumbre River salió a ser el protagonista, con un ritmo menos vertiginoso que de costumbre, menos pressing arriba, Pisculichi y Mora no tan activos y las sociedades por derecha esta vez fueron por izquierda con Rojas y Vangioni, los mejores de la cancha.
Tal vez la primera opción seria para convertir haya sido efectivamente el gol de Vangioni sobre los 33 después de una excelente habilitación de Rojas.
-¡Gooooooolllllllllllll! ¡Al fin rompimos el cerrojo! ¡Estos equipo se te meten atrás y si no los embocas de entrada te juegan con tus propios nervios! Ahora van a tener que salir ellos.
Pero Belgrano tampoco se animó mucho, y Teo tuvo una oportunidad sobre los 38 minutos pero la pelota se fue apenas alto.
En el segundo tiempo River sintió el cansancio del partido del jueves con una altísima temperatura en Paraguay, y hasta la media hora de la etapa final pudo sostener la mínima diferencia en las manos de Barovero.
-Trapito responde siempre, no es espectacular pero saca las que no saca nadie ¿viste ese bombazo en el ángulo?
A los 25 minutos el muñeco movió la estantería, ingresó Mercado por Solari y Boyé por Mora, y ya estaba en la cancha el pibito Driusi que suplantó a Pisculichi.
Cuando parecía que el millo iba a tener que sufrir, motoneta Sánchez metió un centro letal al primer palo y el colombiano Teo la empalmó como venía para meterla arriba, inatacable.
Driusi lo tuvo de nuevo de cabeza a los 41, y otra vez el pelado Sánchez que no se cansa nunca de ir a buscar, metió un pase atrás para que Teo pusiera el 3 a 0 definitivo.
-¡Gooooooooooooooolllllllllllllll! ¡Otra vez fiesta! ¡Mirá lo que es el monumental, la gente, explota de emoción!
Terminó River floreándose con toques de un lado al otro, y consiguiendo un nuevo triunfo categórico que lo hace cada vez más inalcanzable.
A ritmo firme, parejito, la marcha sostenida continúa en lo dos frentes. Mientras tanto, en otro lugar de Buenos Aires la cosa ni se le parece.
-¿Hace cuanto que no largo una puteada? Este River me llena los ojos y no paro de gritar... ¡de gritar goles!
Me voy a dormir temprano, los demás para mi no juegan.
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