San Lorenzo da un paso para adelante y dos para atrás. Cada vez que ilusiona a su público con pelear el campeonato, a la otra fecha pierde. Esta vez el «verdugo» fue Quilmes, un equipo necesitado de triunfos, con un director técnico, Carlos Aimar, al que varias veces los dirigentes le habían planteado la posibilidad de renunciar.
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Quilmes ganó por inteligente. Fue sólido en defensa y ordenado en la mitad de la cancha y, aunque jugó en su estadio, se plantó defensivamente dejando el manejo de la pelota y campo al rival, para después contraatacarlo con velocidad.
Así las cosas, la velocidad de Mario Turdó fue su carta de triunfo. Primero, al aprovechar un mal pase de Alvarado a su arquero y después, al recoger un centro de Choy González para definir con mucha suficiencia ante Saja. Obligado por las circunstancias, San Lorenzo se jugó en ataque. Gustavo Alfaro hizo ingresar a Montillo y a Barrientos para que se juntaran con Mauricio Molina, Lavezzi y Cardozo, y trató de encerrar a Quilmes en su campo.
Avanzó más que atacar porque le faltó sorpresa para superar a una defensa muy segura y, cuando lo consiguió, se topó con su ex arquero José Ramírez, que con tres atajadas clave ratificó el triunfo de Quilmes.
San Lorenzo quedó otra vez muy lejos de la lucha por el campeonato y ya no le quedan casi oportunidades para volver a ilusionar a su público, ávido de triunfos.
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