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"Somos rivales, no enemigos", la frase que se puede ver en diferentes puntos de la ciudad de San Juan. Es el cartel promocional de la serie de Copa Davis entre Argentina y Chile, también expuesto en el Aldo Cantoni. La intención es que no se repita la pésima experiencia vivida en el año 2000, en Santiago, cuando todo terminó en sillas revoleadas a la cancha.
El clima en el estadio cerrado de la capital sanjuanina atravesó por diferentes situaciones, pero siempre dentro de los deseos de propios extraños. Los cantos cruzados entre hinchas locales y chilenos no se hicieron esperar.
Alrededor de dos mil argentinos, y unos 500 trasandinos, repartidos en un sector destinado especialmente para ellos y también en diferentes puntos de las tribunas, no pararon de alentar. El momento de más tranquilidad fue el de los himnos, severamente respetados por ambas parcialidades.
Precisamente, la canción patria fue entonada por varios cantantes de diferentes registros tonales y con intérpretes de varios instrumentos. Antes, hubo un juego de luces y música que finalmente incluyó un breve show de la Camerata de San Juan en la parte más alta del estadio.
Al terminar el himno, una parte de los hinchas nacionales desplegaron una gran bandera celeste y blanca que cubrió toda la tribuna. Y de inmediato, los cantos, casi todos de corte futboleros. El favorito del público nacional fue la referencia a la ausencia de Chile del próximo mundial de Rusia.
Los visitantes se hicieron notar y golpearon el orgullo albiceleste con la localía, demostrando que ellos también estaban como en casa. El clásico "chi chi viva Chile" sonó a lo largo de la jornada sin cesar.
El último detalle, no menor, es el de la utilización de un crespón negro por parte de los jugadores nacionales. Es en homenaje a Javier Maquirriain, médico del equipo argentino, que falleció el pasado 6 de marzo.
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