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A Vélez le costó mucho más, seguramente, de lo que pensaron o diagramaron. En principio, en ningún momento encontró una fórmula para transitar por el terreno en forma compacta y, mucho menos, sorprender en ataque. Más, tal vez, se sorprendió por el orden táctico (no técnico) que provocaban los venezolanos tratando de que todo termine en el mediocampo.
Si a este panorama de pequeñas sociedades y muchas individualidades se le agrega la imprecisión como norma, el partido se hacía más que complicado. Tantoque la gente de Maracaibo, con el aporte de Riep y el moreno Casseres y Martínez, se acercó pocas veces, pero con peligro.
Vélez comenzó a encontrar terreno ofensivo en la medida en que Gracián y Patricio Pérez comenzaron a juntarse, dialogar en lo futbolístico y la pelota incursionaba por las franjas laterales (fundamentalmente, la derecha). Sólo con eso, Vélez fue encontrando lo que se le estaba negando minutos antes.
Sin embargo, en la medida que la gente de Vélez no hallaba el arco, los venezolanos seguían aferrados a su prolijidad, sin desesperarse nunca..., aguardando algún contraataque que hiciera historia. Llegó tras una jugada que sorprendió Mariano Martínez por derecha y encontró a Colliard para meter el frentazo a la red. De allí en más, Vélez comenzó a trabajar contra sus propios nervios, el reloj y un equipo cerrado en defensa, difícil de superar.
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