El argumento oficial (o al menos el más empleado) sostiene que la merma de los principales índices accionarios (si es que definimos como merma 0,02% que perdió el Dow al cerrar en 11.381,15 puntos, otra vez con un volumen bajísimo) obedeció ayer a los comentarios de algunos de los integrantes de la Fed (Bernanke y Poole) y a los datos sobre el gasto de los consumidores y la inflación (sugiriendo que la recesión "está a la vuelta de la esquina").
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Una visión algo más amplia incorporaba el efecto de la baja de las principales Bolsas europeas, golpeadas por la sugerencia del Banco Central Europeo sobre nuevos incrementos en el costo del dinero para el Viejo Continente antes de fin de año.
En un sentido opuesto, una visión más restringida habla que lo de ayer sería un lógico y natural ajuste a lo que viene siendo una semana ganadora para un mes también ganador (el S&P 500 y el NASDAQ tuvieron el mejor agosto -mes tradicionalmente perdedor-en 6 años) que dejó como saldo una suba de 1,75% para el Dow.
Por último ("último" por razones de espacio, no porque no existieran más explicaciones, como ser la influencia de la cuestión iraní, etc.) y hasta cierto punto montada sobre la idea anterior, están los que justificaron lo ocurrido en base a que a partir de hoy entramos en el que ha sido históricamente el peor mes del año para los tres grandes índices bursátiles, a que en horas se difunden los números macro más significativos de la semana (situación laboral) y a que ya estamos frente al feriado que nos impone el "Labour Day".
Volviendo a lo que ha sido agosto, vimos al NASDAQ ganar 4,41% y a los papeles más pequeños 2,91% (Russell 2000), como la tasa de los treasuries a 10 años bajaba 20 puntos básicos a 4,783% anual, el petróleo perdía 4 dólares para quedar en u$s 70,26 por barril y como el dólar y el oro se mantenían casi sin cambios.
Fue un buen mes, pero la verdad, no hay mucha confianza en que se prolongue.
Dejá tu comentario