Hoy el gobierno anunciará que la inflación está cediendo: agosto cerró con 0,4% de suba en precios minoristas. A lo sumo, sería una décima superior. Es bueno en la medida en que se aleja el dato de 1% mensual de alza que caracterizó los períodos precedentes. Pero entrando en detalle, se siguen observando aumentos significativos en alimentos. Con un índice de pobreza en casi 40%, no deja de ser preocupante. El año seguramente cerrará con alrededor de 10% de inflación minorista. Si reaccionará el gobierno tras las elecciones es el gran interrogante. Para dejar de ser uno de los países del mundo con más inflación, sólo superado por Rusia y Venezuela, deberá asumirse que el gasto público tiene que dejar de crecer. Además, dar señales a empresas para que aumenten inversión y, por ende, la oferta de bienes. Es poco, pero esencial para superar el problema y más que nada su impacto en un país con altos niveles de pobreza.
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