Alivio: Duhalde no podrá aplicar un impuesto "Blair"

Economía

Eduardo Duhalde recibirá en las próximas horas una información que el mandatario tomará como algo negativo pero que para los contribuyentes sería una buena noticia. Pese a que el presidente de la Nación la dio ayer como un algo concreto el anuncio de un nuevo impuesto para las empresas que tuvieron «ganancias extraordinarias» en los últimos diez años no podrá ser puesto en práctica hacia atrás imitando una ley que aplicó en Gran Bretaña Tony Blair. Unicamente sería un proyecto viable para los próximos años, donde además se anticipa que prácticamente ninguna de las empresas, que para el Presidente tuvieron rentas «extraordinarias», este año tengan ganancias para declarar.

Estas son las conclusiones de los técnicos tributarios que trabajan con Jorge Remes Lenicov y que tuvieron en los últimos días la responsabilidad de estudiar la viabilidad de la idea presidencial. Estos llegaron a la conclusión de que por más que se insista, constitucionalmente el proyecto sería imposible de aplicar hacia atrás. Además hay otra traba. Un cambio en el Impuesto a las Ganancias debe ser aprobado por ley y no puede surgir de un decreto, ni siquiera de necesidad y urgencia.

• Influencia

La idea de Duhalde de lanzar este impuesto, surge de la influencia que ejerce sobre el Presidente el vicejefe de Gabinete, Juan Pablo Cafiero, que a su vez tomó el proyecto del diputado frepasista Darío Alessandro. Este había impulsado originalmente la idea en el Congreso Nacional, pero cuidando más las formas legales ya que aplicaba el tributo hacia adelante y no hacia atrás. Sin embargo, Cafiero, apoyado por el ala «progresista» radical encabezada por el trío Raúl Alfonsín, Federico Storani y Leopoldo Moreau, convenció a Duhalde de la «oportunidad» de avanzar en el impuesto pero aplicándolo a los 5 años anteriores a 2002. Así lo anunció ayer el propio Presidente desde Santiago del Estero, donde anunció con pompa que el gobierno nacional estudia la implementación del impuesto para «los grandes ganadores de la última década y que han podido tener una renta muy alta en sus ganancias».

Duhalde había ordenado a Remes Lenicov estudiar el tema y a reglamentar el impuesto lo Juan Pablo Cafiero más rápido posible. Sin embargo, las definiciones que llegarán desde el Ministerio de Economía no serán del todo agradables para el Presidente. Según los integrantes del equipo de Remes, si el impuesto efectivamente se aplicará a las ganancias que las empresas tuvieron en los últimos 10 años, inmediatamente éstas concretarían una lluvia de juicios por considerar violados sus derechos adquiridos y hasta la propiedad privada.
Constitucionalmente la situación jurídica de un impuesto puede modificarse hacia adelante, aumentando o rebajando alícuotas, pero no hacia ejercicios anteriores. La ley indica que lo único a que puede obligar el sector público es a hacer cumplir con los impuestos y costos laborales estipulados legalmente antes o durante el ejercicio.

Luego de haber liquidado estas obligaciones, la empresa o el particular es libre de disponer de ese dinero. Puede gastarlo, girarlo al exterior (antes del 31 de noviembre), invertirlo o ahorrarlo; pero el gobierno no puede disponer de ese efectivo.
Teniendo en cuenta que actualmente está transcurriendo 2002, sólo se podría aplicar desde enero de este año, pero no hacia atrás.

Este criterio es el que se tendrá en cuenta además para el levantamiento del bloqueo fiscal (la posibilidad de estudiar la situación fiscal de un contribuyente, más allá que en su última presentación anual haya cumplido con sus pagos correctamente), que se podrá implementar desde 2002 hacia adelante pero no para atrás. Pero el pesimismo de los hombres de Economía, con respecto a las expectativas de Duhalde, va más allá. Se sabe, por información que brindan permanentemente las auditoras contables que manejan los números impositivos de las principales empresas del país, muchas de las compañías a las cuales el Presidente les atribuye «ganancias extraordinarias», luego de la devaluación verían caer su rentabilidad de manera abrupta. Incluso muchas, como los bancos, las petroleras y numerosas privatizadas, en este ejercicio tendrían pérdidas o rentas mínimas al previsionar 20 por ciento de los costos de la devaluación en sus balances.

Además, y si las empresas hubieran tenido ganancias importantes que puedan ser calificadas de «extraordinarias» (más de 5 millones de pesos según el pensamiento de Duhalde sobre copyright de Darío Alessandro), los ingresos del nuevo impuesto recién se verían el año próximo cuando las empresas liquiden el ejercicio 2002, con lo cual no le servirían al gobierno para crear el fondo de emergencia para atender las urgencias sociales inmediatas para las que se iba a utilizar el dinero.

Dejá tu comentario