Se esforzaron los invitados del ex embajador Juan Archibaldo Lanús en explicarle al francés Guy Sorman que preguntarse por la suerte del liberalismo en la Argentina es una falsa cuestión; nunca hubo mucho liberalismo, le dijeron, al menos en el último siglo. Tampoco -como le puntualizó uno de los asistentes, Felipe de la Balze- debería preocuparse tanto por ese dilema cuando en Francia tampoco ha abundado el liberalismo.
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La reunión tuvo como propósito también escuchar a Sorman -periodista, editor, opinador sobre temas globales- con primicias de su país, desatendido a veces por el protagonismo de otras crisis internacionales. Ante hombres de la política como Alieto Guadagni o Adalberto Rodríguez Giavarini y de la academia como Pablo Gerchunoff, Ezequiel Gallo o Alberto Benegas Lynch, Sorman desayunó a los invitados con la principal novedad de la gestión Sarkozy: está efectivamente dispuesto a enterrar cuarenta años de neutralismo de su país en cuestiones internacionales, incorporar a su país a la NATO y declarar sepultado medio siglo de tercerismo galo.
¿Los argumentos? Los hay teóricos y prácticos. Entre los primeros, que entiende que Francia se ha desengañado en el romance con el mundo árabe: los árabes no nos quieren y tampoco confían en nosotros. La prueba es que no tenemos ningún rol en la crisis de Medio Oriente. Segundo, tenemos los mismos enemigos que los Estados Unidos, que son Irán y Rusia.
Entre los argumentos prácticos, los que surgen de su experiencia como ministro del Interior de Jacques Chirac: el terrorismo es el principal mal, hay que combatirlo con herramientas policiales, eficientes. Sarkozy no se pega a George Bush tampoco, ya que condenó junto a Chirac la invasión a Irak, considerada por él un fracaso. Pero quiere estar en la NATO más allá de esos errores americanos. Entre otras cosas, por sus buenas relaciones con los candidatos del partido demócrata.
Dejó en la mesa, horas antes de irse con Lanús al coloquio de Idea en Mar del Plata, anécdotas jugosas sobre cómo Sarkozy, como algunos políticos criollos, a veces cree que gobernar es hacer campañas publicitarias. Más allá de eso, redujo el gabinete de 30 a 15 ministros, para dar señales de ajuste, y nombró a la mitad mujeres. Su experiencia como ministro del Interior y también como hijo de un inmigrante húngaro, le hizo entender que el problema de la integración racial es clave. Buscó quebrar la idea de que en Francia no hay futuro para un negro o un árabe o a una mujer, por eso llenó de damas el gabinete y nombró a Rachida Dati como ministra de Justicia. Esta mujer es una marroquí de nacimiento que llegó a ser una abogada importante después de trabajar de noche como enfermera. Fue la vocera en la campaña y llega al ministerio justo cuando se conoce que dos de sus doce hermanos, Omar y Jamal, están presos cumpliendo condena por narcotráfico ( heroína y marihuana). Todo un alarde de poder y de ganas de instalar la diversidad.
Estas francesadas las explicó con más detalle pocas horas más tarde Moisés Ikonicoff, que tiene décadas de burocracia en ese país, en cuya Sorbonne se jubiló en euros como profesor. Fue orador en una de las reuniones más divertidas del último tiempo en la peña de Gendarmería (peronistas ñata contra el vidrio que se reúnen, por censura oficial, en los altos del restorán porteño Chiquín). Explicó con muchos datos cómo el conservadorismo francés está hoy liderado por la izquierda y los sindicatos que se oponen a las reformas de Sarkozy. Esta semana van a la huelga contra la autonomía de las universidades (y su calificación por productividad y al aporte de financiamiento privado, plan que le aportó Sorman a Sarkozy siguiendo el modelo americano), la eliminación de las jubilaciones de privilegio, etcétera. Frente a ellos, el progresismo que representa Sarkozy con el centro, el centroderecha y los independientes, según Ikonicoff.
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