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6 de diciembre 2006 - 00:00

Aprueban norma europea, pero la frena el embajador de EE.UU.

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La Argentina se inclinó hace quince días por la norma de televisión digital europea (DVB-T), aunque la presión de los Estados Unidos por imponer la suya propia (ATSC) postergó momentáneamente el anuncio. Influencia obvia, presión del nuevo embajador Earl Wayne, ya conocido como «Tony» por sus nuevos amigos. De todas formas, la elección de esta norma, según la cual el país comenzará sus transmisiones digitales a partir de 2010, no demorará más allá de fin de año.

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La europea está sostenida por las compañías telefónicas y empresas como Nokia, Philips y «Telefé». Sus particularidades técnicas la hacen equivalente, por su flexibilidad y alcance, al sistema GSM en celulares, y es la que permite la mayor recepción en móviles (de allí el interés de las telefónicas).

La norma norteamericana tiene detrás de su consorcio a megaempresas electrónicas como Zenith, Dolby Laboratories, Harris Corporation, y LG Electronics.

«Canal 13», del monopolio «Clarín», y una gran parte de la industria de la TV por cable argentina se equipó según este estándar, que también utiliza DirecTV, cuando en 1998 el gobierno de Menem, a través del secretario de Comunicaciones Germán Kammerath, anunció que se adoptaría esa tecnología. Ese decreto, en el gobierno De la Rúa, no fue ratificado según los plazos legales, y la Argentina volvió a quedar sin norma definida.

Néstor Kirchner convocó a votar por una norma de televisión digital a los titulares de tres organismos competentes en la materia: así lo hicieron Julio Bárbaro (Comfer), Lisandro Salas (Secretaría de Comunicaciones) y Ceferino Namuncurá (Comisión Nacional de Comunicaciones, la entidad que controla el espectro radioeléctrico). El voto mayoritario fue por la europea, algunos de cuyos representantes (entre ellos, comisarios de la UE y directivos de televisión digital de España) estuvieron primero en Casa de Gobierno exponiendo las características técnicas, y luego ante la Comisión de Comunicaciones de la Cámara de Diputados presidida por el legislador Osvaldo Nemirosci.

El nuevo embajador de los Estados Unidos, Earl Wayne, tenía en su agenda como tema prioritario la imposición de la norma de su país, ATSC, y ese fue el tema excluyente de una reunión reciente que mantuvo con el ministro de Planificación Julio De Vido. Wayne también habló del tema en una reunión pública, en la Embajada de los EE.UU., aunque sin la presencia de funcionarios de rango del gobierno.

El tercer jugador, Japón y su norma ISDB (cuyos representantes arriesgarán esta misma semana su carta ante el gobierno), habría quedado ya prácticamente descartado, según las fuentes consultadas por este diario. La norma japonesa fue la que adoptó Brasil hace cuatro meses. Días atrás, el gobierno chileno salió a desmentir que hubiese adoptado la norteamericana, tal como llegaron a informar algunos medios en la Argentina.

El tránsito de la televisión analógica a la digital será, más allá de lo técnico, una revolución que implicará muchos otros aspectos económicos y políticos. En primer lugar, todavía no se ha establecido quién correrá con los gastos del nuevo equipamiento. ATA, en un documento reciente, propuso para la televisión pública y la privada la creación de un canon que grave la venta de receptores de televisión digital, y que éste recaiga sobre los propios fabricantes importadores y/o cadenas de comercialización.

Sin embargo, hay otro factor más inquietante a tener en cuenta: por sus condiciones técnicas, cada canal de la futura TV digital no transmitirá en una única frecuencia sino, al menos, en cuatro (la japonesa, que es la más apta para la alta definición, llega a ocho). Una de esas frecuencias estará dedicada a los contenidos habituales de televisión, y los otros tres a distintas aplicaciones, que van desde contenidos diferentes, TV para celulares, interactividad, etc. Ahora bien, si un canal de TV es licenciatario sólo de los contenidos ¿quién retendrá el control de las demás frecuencias? ¿Más poder para el Estado?

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