En la multitud de empresarios que colmaron el Salón Dorado del Alvear Palace Hotel se vio -entre otrosa los dueños de casa, Carlos de la Vega (CAC) y Susan Segal (Council of the Americas); Cristiano Rattazzi (Fiat), Eduardo Eurnekian, Alejandro Macfarlane (Edenor), el radical Marcelo Stubrin, Eduardo Elsztain (IRSA), Julio Werthein, Jorge Pereyra de Olazábal (peleado con la Segal: él es obviamente pro republicano, al revés de la funcionaria del Council), Clarisa Estol (Hipotecario), Damián Scokin (LAN), Alejandro Bottan (GE), Guillermo Stanley, Juan Carlos López Mena (Buquebús), José Ignacio de Mendiguren y Juan Carlos Sacco (UIA).
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¿Cuánto vale ese chip? El embajador Earl Anthony Wayne sufrió un sofocón cuando -tras dar su discursodescubrió que no tenía su celular Blackberry. Volvió al salón, y no estaba allí. Finalmente, tras pocos minutos de preocupación, lo encontraron sus asistentes en el VIP, donde había estado antes de hablar. No pocos especularon con el valor que la agenda contenida en ese móvil tendría en un hipotético mercado negro de contactos.
De Mendiguren y Rattazzi volvieron a intercambiar ironías -suelen hacerlo cada vez que se ven-cuando el ministro de Economía, Carlos Fernández, habló del tipo de cambio y de la necesidad de incrementar las cantidades exportadas en previsión de que los valores de los bienes sigan en baja. «¿Viste que hay que agregar valor y no pedir un tipo de cambio recontraalto?», le dijo el empresario automotor al textil. Se rieron ambos.
La salida del Alvear probó ser peligrosa: al menos un alto ejecutivo de una eléctrica, otro de una petrolera, un consultor y hasta un periodista cayeron redondamente al piso cuando quisieron doblar la esquina de Alvear y Ayacucho hacia el bajo. La combinación de una lluvia intensa, zapatos nuevos y un piso de adoquines lisos no justamente antideslizante dio por tierra con por lo menos cuatro asistentes al coloquio. Todos enviaron una carta de protesta al dueño del hotel.
«No es cierto que demos créditos subsidiados: no podemos darnos ese lujo». Armando Mariante Carvalho, vicepresidente del BNDES (el banco oficial brasileño al que los industriales acusan de financiar las compras de empresas argentinas por grupos de Brasil), negó de plano la participación de la entidad como factor clave de las ventas de Loma Negra, Alpargatas, Quickfood, Swift, etc. «Nuestra tasa está en línea con las del mercado; la única gran diferencia quizás es el plazo de repago, que en nuestro caso se extiende hasta 15 años». Otro mito menos.
«Ni me dejaron hacer el due dilligence». Así explicaba López Mena a quien quisiera oírlo su frustrada intención de comprar parte de Aerolíneas Argentinas. Sin embargo, en los pasillos se recordaba que al empresario el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, le pidió que «aportara» $ 40 millones para pagar sueldos a cambio de nada, lo que hizo que el naviero poco menos que huyera despavorido del despacho del pingüino cordobés.
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