Un par de horas antes de la apertura, las apuestas estaban a favor de una jornada positiva, apuntaladas en la debilidad del precio del petróleo (cerró en u$s 69,71 por barril), el anuncio de que Boeing lanzaba una recompra de acciones y el lanzamiento anticipado de un chip por Intel. Sin embargo, cuando sonó la campana de largada, se vio que más allá de las especulaciones, el ánimo de los inversores no era alcista. Lo que es más: cuando a las 10 de la mañana se difundió que la confianza de los consumidores era la menor desde noviembre, las acciones entraron claramente en terreno negativo, llevando a que poco antes de mediodía el Dow perdiera 0,46%. Claro que achacar todo el malhumor a este dato -tradicionalmente de relativa a poca importancia- es una exageración, máxime cuando lo peor pasaba por las petroleras -reflejando la baja de casi 1,5% en el precio del crudo-, las acciones bancarias -con alguna incertidumbre sobre la licitación de treasuries a 2 años que se hacía por la tarde y sobre el contenido de las minutas de la reunión del 8 de agosto de la Fed, la tasa a 10 años alcanzó a trepar a 4.839 en la primera parte del día- y recién atrás de éstas las empresas de software y las vinculadas al consumo masivo. Para las dos de la tarde, tras difundirse las esperadas minutas, el mercado bursátil cayó a mínimos de la jornada. Pero, merced a una lectura distinta que se hizo de ellas desde el mercado de bonos, la tasa cayó (finalizó en 4.783% anual) y las acciones comenzaron a recuperarse, de manera que al sonar la campana el Dow trepaba 0,16% a 11.369,94 puntos. Como se ve, la sesión dejó lugar para muchas explicaciones, pero con un volumen que sigue siendo pobrísimo: mejor tomarlas a todas "con pinzas".
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