Blejer: "El Banco Central podría llegar a comprar dólares si sigue bajando el precio"

Economía

Está tan atareado que aún no pudo cambiar de despacho para pasarse al de la Presidencia y sigue en el de vice, cargo para el que fuera convocado por Fernando de la Rúa. Y continuó con tres presidentes. Mario Blejer, titular del Banco Central, es la figura con más contactos y prestigio internacional del gobierno actual, aunque no lo integra porque es un hombre que mantiene el cuidado sobre que el Banco Central debe mantener independencia del Poder Ejecutivo, aunque esto se haya transformado en una utopía en esta vorágine de una Argentina en default. Vivió 30 años fuera del país, pero no dejó de viajar a la Argentina como mínimo cada cuatro meses, salvo en el período 1977-1982 porque no le gustaba el gobierno militar, aunque no tuvo problemas personales. Es un economista reputado, serio, con larga actuación en el Fondo Monetario Internacional. Ultimamente almorzó en Basilea a solas con el «zar» de las finanzas norteamericanas, Alan Greenspan, titular de la Reserva Federal. Dos o tres veces por semana habla con Persio Arida, ex presidente del Banco Central de Brasil. O llama (o lo llaman) por teléfono desde John Taylor, segundo de Paul O'Neill en el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos o Horst Köhler, director gerente del Fondo Monetario o cualquier ministro de Economía de Europa. Es tan conocido que internacionalmente se lo considera el resguardo máximo de moderación del gobierno de Eduardo Duhalde.

Es un hombre amable, hasta a veces tímido, que no rehuye ningún tema que se le plantea. Tiene puertas abiertas al periodismo y en hora y media de diálogo y almuerzo con él apenas si pide un «off de record» (pedido de declaración no publicar determinada respuesta). No se lo reportea, en realidad, se dialoga con él. Veamos algunos conceptos que recordamos de la conversación:

Periodista: Lo vengo a ver en un momento agradable para Ud. con un dólar en baja a $ 1,90 (las 13 de ayer). Espero que el gobierno no caerá en triunfalismo, sería un grave error.


Mario Blejer:
El mercado nos da tranquilidad temporaria, pero sabemos que hay que esperar para verlo definido en su tendencia. No habrá triunfalismo, mejor analizamos. No hemos asimilado todavía esto de que hay bancos que no quieren comprarles las divisas a exportadores que las retuvieron porque les dicen que no hay punta compradora del otro lado (o sea alguien que demande los dólares que se comprarían).

P.: Hay exportadores que exageraron la paridad a que creían que podrían vender sus divisas y ahora se pueden estar apurando para hacerlo por si baja más. Claro, tampoco compran los importadores por lo mismo, pueden esperar y jugar a que baje más. Además, hay una tremenda iliquidez en esta economía paralizada.


M.B.:
Mire, si bajara mucho la cotización del dólar libre, podríamos analizar comprar dólares y acrecentar las reservas. Por supuesto si se llegara a un precio más bajo que el actual. Para nosotros $ 1,60 o $ 1,50 estaría bien.

P.: Pero, en un mercado con demanda restringida por los fondos del público en el «corralito».Además, en
Ambito Financiero siempre dijimos que el valor real del dólar, sin miedos y sin bronca, como agregados, o sea el dólar «económico», diríamos podría estar en 1,30 o 1,40 pesos. En la época de la convertibilidad nos hubiéramos conformado con una devaluación que pusiera el dólar a $ 1,20 ¿Cuánto cree que los importadores esperarán más baja en la paridad?

M.B.:
Usted dice que están esperando una baja mayor de la cotización. Es cierto, es una teoría. Pero hay otra, llamémosla más conspirativa, que me parece de más peso: hay quienes creen que puede venir más generosidad distributiva del gobierno con una especie de seguro de cambio retroactivo, para llevar sus deudas externas también uno a uno. No sucederá. Sería rifar más de 30.000 millones de dólares de las reservas actuales y futuras del país. No estamos aquí para eso.

P.: Algunos creen en la «nacionalización» de las deudas externas privadas como hizo Cavallo en 1982, por eso pueden estar esperando y no demandan dólares. Hay quienes creen que este país da para todo.


M.B.:
Ni hablemos de eso. A nosotros nos interesan los importadores genuinos de insumos para producir. Ojalá aumentara la demanda de dólares por ese motivo porque comenzaríamos a reactivar. Ahí si volcaríamos muy conformes 3.000 millones de dólares de las reservas, para mantener una paridad razonable porque un aumento de la importación de insumos significaría eso, reactivación de la producción, del empleo, etc.

Sin restricciones

P.: Bueno, pero tienen que terminar con eso de la autorización del Banco Central para girar divisas...


M.B.:
Eso es una mentira. No hay ninguna restricción, no es necesaria ninguna autorización. Solamente el banco que recibe un pedido llena una simple planilla, casi toda en base a poner «cruces», sobre si se importa o paga al exterior.

P.: Existía el pedido para recibir autorización...


M.B.:
Sí, pero cuando existía el dólar oficial a $ 1,40. Claro, ahí todos querían aprovechar por la diferencia con el dólar paralelo. Fíjese que en esos días recibimos pedidos por unos 4.000 millones de dólares. Dejemos aparte los pagos financieros. Tendríamos 2.500 millones para importaciones, llamémoslas «comerciales». Ahí había pedidos sobrefacturados para ganarse la diferencia arriba del dólar oficial a $ 1,40. Hoy creemos que tenían stock y ahora no hay incentivo para importar porque no hay más dólar oficial y seguimos en recesión. Creemos, así en cálculo global, que la demanda genuina y escalonada sería por sólo 1.250 millones de dólares, la mitad de lo anotado. Aparte le digo que, obviamente yo no soy ni dirigista ni estatista, pero tampoco debemos exagerar: un registro bancario de importaciones existe en todos los países del mundo, y aquí en algunos casos nos pasamos de liberalismo. Por ejemplo, la mayoría de los países a sus exportadores les hace liquidar adentro las divisas y no traer el neto de afuera como sucede en la Argentina. Claro, desconfían de que si se liquida internamente lo exportado, no se lo paguemos. Es comprensible y lo permitimos, pero los exportadores tienen amplia libertad. Le cuento esto: he notado que hay gente en la administración a quien le encanta tomar medidas dirigistas. Tenemos que andar controlando que no impongan burocracias sobre lo que no dispusimos en el directorio. Me pasó con Arcor. Tuvieron que venir a vernos porque les exigían un recaudo nunca dispuesto por el Banco Central.

P.: Blejer, seamos realistas. A un funcionario le puede encantar, como un deporte, tener el poder en sus manos de diligenciar un pedido de una empresa poderosa como Shell o Repsol digamos. Pero las grandes pueden venir a Ud., pero no cualquier empresa. Sucede cuando no hay mercados libres.


M.B.:
Puede ser. Le digo que controlamos estrictamente.

• Alquileres

P.: Ud. efectivamente no es dirigista, pero ¿por qué el gobierno que integra lo es tanto? Por ejemplo, ¿por qué meterse tanto en el mercado inmobiliario? Pesificaron hacia atrás alquileres uno a uno, pero ¿por qué meterse con los alquileres hacia adelante? ¿Por qué no dejar que el privado que alquila se arregle con el arrendatario como quiera, con indexación de precios, con paridad del dólar, con el valor de un ternero o un quintal de trigo, como sea?

M.B.:
Yo estoy en el Banco Central no en todo el gobierno. Trato la cuestión financiera. No me gusta eso de entrar a regular en el mercado inmobiliario futuro. En lo que a nosotros hace suprimimos pasado mañana (por el viernes) eso de que sólo los plazos fijos iniciados en pesos sirven para comprar inmuebles. Es ilógico. Los plazos fijos en dólares también ingresarán en la operatoria. Y no sólo para inmuebles, sino para todo bien registrable. Por caso autos, motos, barcos. Eso sí, en autos y otros exigiremos que sea para cero kilómetro porque de lo contrario fomentaríamos operaciones falsas con usados de una mano a otra.

P.: No quiere dirigismo, Blejer, pero se apropiaron hasta de los fondos líquidos en dólares de los bancos. Sacaron los billetes de noche que si los ve la jueza Servini de Cubría incautaba los vehículos.


M.B.:
Fue una equivocación y al día siguiente los devolvimos. Un decreto apresurado dispuso esa medida inicial. Le digo, si hay algo que me molesta y contra lo que lucho es la improvisación en esta gestión. Admito que los funcionarios del Poder Ejecutivo son muy amables. Atienden los llamados y se trabaja más cómodo que en la época de Domingo Cavallo, pero se improvisa mucho, se politizan muchos aspectos estrictamente económicos o financieros. Pero vamos a ir mejorando. Le dije que se podrán comprar inmuebles y autos cero kilómetro con cualquier tipo de plazo fijo retenido en el sistema y, más todavía, hasta se podrá transferir cheque de un banco a otro banco. Desde ya, el banco que recibe tendrá encaje total de ese cheque de fondos para permitir dar redescuento a otros.

P.: Se habló siempre de eso para salvar a algunos bancos oficiales que serían los primeros en perder depósitos. Usted, supongo, debe haber pensado que algún banco oficial tiene que caer. Se ve afectado el privado Galicia aquí y en Uruguay por una campaña de la izquierda que acentuó la jueza Servini de Cubría aprovechando la debilidad que le creó a Eduardo Escasany un hecho desgraciado de disputa con su hermana. Pero hay bancos oficiales en los que la gente no cree. ¿Qué hará Duhalde?


M.B.:
Vamos por partes. Con el Banco Galicia en Uruguay no podemos hacer nada. No vamos a dar redescuento argentino para depositantes, aunque sean argentinos en un país extranjero. Creo que Uruguay no se ha movido bien. Podría haber sido el verdadero sistema bancario argentino tradicional lo mínimo un par de años mientras aquí se recuperaba confianza. Lo hubiera sido con sólo operar off-shore (depósitos en bancos uruguayos no alcanzados por las leyes argentinas, pero Uruguay nunca pagó tasas atractivas, no se ofreció en la Argentina para captar y prestar con ese resguardo off shore, quiso decir Blejer). Creo que los chilenos pueden asumir ese papel. Tienen un gobierno y una macroeconomía creíble y muy vinculada a Estados Unidos. Ojalá ya nuestros bancos estuvieran funcionando de nuevo a pleno y no vendría nadie. En lo otro que usted me dice le digo lo siguiente sobre el presidente Duhalde: está totalmente convencido de que sin ayuda externa no zafamos de esta crisis, y en realidad no zafamos. También sabe bien que para recibir esa ayuda tendrá que asumir medidas internas duras. Por ejemplo, en esto de los bancos oficiales le digo que admitió que una comisión estudie su futuro. No le digo a usted que vaya a asumir el cierre de banca oficial, pero va a estudiar la fórmula de privatizar 20 ciento y darle a ese 20 por ciento privado la conducción de la entidad. Como se hizo con el Banco Hipotecario a cargo del Grupo Elztain, que sólo tiene 50%.

P.: Sería aceptable. En altísimo porcentaje esta crisis terminal argentina fue porque hubo bancos oficiales que dieron préstamos, por influencia política, que jamás daría la banca privada, como 100 millones de dólares a la constructora Gualtieri o 120 millones al Grupo Soldatti para un entretenimiento como el Tren de la Costa.


M.B.:
Yo iba a Olivos en auto y seguía en ese tren simpático cuando daba clases en la Universidad de Belgrano. Pero desde ya parece una empresa inviable en cuanto a rentabilidad.

• Menos dirigismo

P.: O sea usted cree que puede bajar el dirigismo y populismo en Duhalde...

M.B.:
Le interesa el país, le interesa el éxito de su gestión. Se enfrenta a una paradoja: el Fondo quiere que tome medidas duras para después darle ayuda, pero él cree que si viene la ayuda primero, las medidas duras serían mejor recibidas.

P.: Es que al exterior lo engañamos ya muchas veces. No nos creen, no abrirán primero ellos la mano esta vez. Fíjese que debe haber impactado al presidente Duhalde que la libertad del mercado cambiario le haya sido impuesta prácticamente desde el exterior y le está saliendo muy bien, aunque me parece un
bluff, un alarde que ustedes salgan a comprar dólares para frenar la revaluación del peso cuando saben que la devaluación fue exagerada y sin tener mucha razón todavía. Digo, de paso, ¿dolarizar?

M.B.:
Siempre fue una posibilidad pero ahora, después de pesificar sería un costo enorme y un dispendio de reservas.

P.: ¿Como salir del «corralito»? Usted sabe que si la mayoría sale apenas abra la puerta, se cae el sistema financiero. O sea tiene que haber tanta confianza como para que al abrir se quede bastante más de la mitad en el sistema. Difícil ¿no?


M.B.:
Es cierto, pero podemos hacer mucho graduando la salida, como esto que le digo de usar los fondos retenidos para inmuebles y autos, y de banco a banco. Mucho más no podemos hacer. Fíjese que la política monetaria desde el Banco Central casi se puede ejercer sólo sobre casas de cambio vendiendo o eventualmente comprando dólares. No puedo usar una emisión de un título, graduar la liquidez, nada. Mi esposa, que es húngara, viene seguido a verme a la Argentina y es muy buena economista, pero ella sigue en el Fondo Monetario y está a cargo de informar sobre países africanos chicos, como Chad. Allí, aun en las tribus, entienden lo que es un título público; saben que es un valor canjeable o que equivale a tantas aves o animales de corral; creen en ese título, lo aceptan y lo usan. Se sorprende de que yo aquí ni siquiera tenga esa posibilidad por la inexistencia de un sistema financiero en funcionamiento.

• FMI

P.: Veamos los siete puntos que pide el FMI y que hoy (por ayer) publicó Ambito Financiero en exclusividad. Son duros ¿no cree? Por ejemplo, extender una retención de 5% a todas las exportaciones y no sólo 20% a las petroleras.

M.B.:
Puede ser porque el sector exportador ha sido muy beneficiado con la devaluación, sobre todo porque vemos que estuvo mal hecha.

P.: Hay otras medidas fuertes. Sincerar el presupuesto con los $ 18.000 millones dados a los bancos en un bono que compense la obligación de pagar el dólar a $ 1,40 a ahorristas y cobrar préstamos a un peso por dólar. Eso normalizaría los balances de los bancos.


M.B.:
Es una medida que puede estar o no en el presupuesto, en definitiva incrementa la deuda externa. Más justo me parece incluir el «goteo» de los fondos retenidos (salida de a poco del «corralito» por la flexibilización que en enero ya significó 2.000 millones de pesos).

P.: Hay otras, por caso, un año sin impuestos para inversiones de capital. Esto tiende a tentar la compra desde el exterior de empresas argentinas a precios bajos hoy. Hay quienes creen que la aguda iliquidez actual se resolvería por ese lado, con ingreso de capital para ese fin.


M.B.:
Es cierto, vendrán esos capitales, pero esperarán que se estabilice la paridad. La iliquidez del sistema nos preocupa ahora. Los demás puntos me parecen posibles y el más importante para el Fondo creo que es el acuerdo con las provincias. Temen permanentemente desde allí y desde la banca oficial el aumento del déficit.

P.: Esos puntos requieren convicción en un mercado libre o sea un gobierno nada dirigista. Por ejemplo, piden que derogue la reforma de la Ley de Quiebras o «ley Clarín». No debe haber caído bien en Estados Unidos que llegue el ministro Remes Lenicov y les diga que «de corazón» él desea ese veto, pero no sabe qué hará Duhalde. A los norteamericanos les sorprenden esas dudas, ese llegar del máximo responsable ministerial de la economía argentina sin conocer a fondo qué se hará en su área. (Más tarde se supo que hoy esa ley podría ser vetada en su totalidad o casi, por Duhalde.)


M.B.:
Le dije que el presidente Duhalde está abierto y escucha todo lo que le decimos. Es cierto que Lenicov no debió llevar esa duda pero, le digo, yo creo que se vetará o perderemos el crédito para siempre. Pero tampoco sé con certeza qué sucederá. Admito que actuamos aún sin una buena coordinación. Pero también hablo con mis amigos del FMI y les digo que ellos igualmente mandan señales confusas. Ahora desistieron, por ejemplo, de llevar la responsabilidad de la recaudación impositiva, de su ingreso, a las provincias. Les dijimos que iba a ser un desastre. Además John Taylor, el subsecretario del Tesoro, dice ahora que hay que dolarizar, pero no decía lo mismo con claridad hace 6 meses cuando hubiera cambiado totalmente la realidad financiera actual de la Argentina.

P.: Me parece bien que usted sea abierto. Es necesario en un gobierno que, en mi criterio, sigue siendo tan estatista y dirigista.


Nos despedimos de Blejer. Pensamos que es bueno que un alto funcionario del Banco Central, que posee una esposa también economista, la mantenga alejada en Africa, en Chad. Puede ser un pensamiento machista, pero lo hace más creíble a Mario Blejer. Sobre todo en esta Argentina de hoy.

Julio A. Ramos

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