Brasil es una fuente constante de datos económicos envidiables. Ayer sorprendió con el de la inversión extranjera. En enero recibió el doble de dólares que hace un año, llegando a u$s 5.000 millones. Nunca en su historia se dio tanto ingreso de capitales en ese país (y a pesar de la crisis de hipotecas en EE.UU.). No es lo único. Ya los u$s 190.000 millones de reservas de Brasil superan todo lo que adeuda. Mientras, en la Argentina, la inversión extranjera es escasa, casi un rubro en extinción, se posterga sin fecha el demorado acuerdo con el Club de París, se acumulan juicios en el CIADI (tribunal arbitral del Banco Mundial) y resta cerrar todavía 24% de la deuda en default. Revancha de los 90, cuando la Argentina seducía más frente a Brasil a inversores externos.
Lula atribuyó la envidiable situación de su economía a «que su gobierno manejó con competencia la administración de las cuentas y de las reservas, pero en parte se debió a una ayudita de Dios». La imagen lo refleja.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó ayer que su país dejó de depender de los Estados Unidos y que gracias a su solvencia financiera «merece el respeto internacional». «No dependemos de Estados Unidos ni de Europa; hoy nosotros exportamos hacia muchos países del mundo, y eso nos da tranquilidad par enfrentar la crisis americana», señaló Lula en el programa «Café con el presidente».
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«Mucha gente imaginaba que Brasil iría a quebrar, pero el país está mostrando solidez; hasta ahora, la crisis norteamericana no llegó y no va a llegar, y si llegara, estamos preparados para enfrentarla», enfatizó. Y recordó que «Brasil siempre fue un país deudor» y que la semana pasada, por primera vez, se tornó en acreedor líquido, pues sus reservas en dólares superaron al monto de la deuda externa.
Lula señaló que «el país tiene reservas de casi 190 mil millones (dólares), superior a todo lo que se debe; tenemos un saldo positivo de 4 mil millones (dólares),eso da tranquilidad a las familias, al gobierno y al país». «Esas reservas son superiores a todo lo que el gobierno debe y a todo lo que debe la iniciativa privada en el exterior», precisó el mandatario.
«Brasil dio un paso extremadamente importante para transformarse definitivamente en un país que debe ser tomado en serio en el mundo financiero... Merece respeto internacional», destacó. Para el mandatario brasileño, ese logro es «el resultado de la seriedad y una demostración de que vamos a transformar a este país en una gran economía, en una gran nación». En ese sentido, defendió la continuidad de la actual política económica una vez que, dijo, « encontramos un punto de equilibrio entre estabilidad económica, en primer lugar; control de la inflación, en segundo lugar; crecimiento del crédito, en tercer lugar, y crecimiento del mercado interno».
Lula pronosticó un crecimiento del PBI de 5% en 2008 y estimó que ese índice puede repetirse en 2009 y en 2010, último año de su segundo mandato presidencial. Para Lula, la clave del buen momento económico está en la expansión del mercado interno.
Sobre ese punto, mencionó que los salarios «en la industria están creciendo y la productividad también; las empresas están modernizándose gracias a la demanda doméstica». «La industria de vehículos, por ejemplo, creció 15,9%, debido al calentamiento de la demanda, la situación del crédito y la ampliación de las inversiones», agregó.
Más tarde, durante un acto oficial en Brasilia, Lula atribuyó la situación a que su gobierno manejó con « competencia» la administración de las cuentas y de las reservas, pero indicó también que se debió en parte a «una ayudita de Dios».
Ayer precisamente, se conoció que Brasil recibió en enero 4.814 millones de dólares en inversión extranjera directa, prácticamente el doble que en el mismo mes de 2007 (2.422 millones de dólares) y el mayor valor para el primer mes del año en la historia del país, informó el Banco Central.
Brasil recibió en 2007 un récord de 34.600 millones de dólares en inversión extranjera directa, el mayor en la historia del país y que representó un crecimiento de 84,3% frente a la de 2006.
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