Entre los puntos principales del plan brasileño se les imponía a los consumidores residenciales que consumían encima de 100 kWh una meta de 80% del consumo medio (reducción de 20%) de los meses de mayo, junio y julio de 2000. El gobierno brasileño explicó que los ingresos obtenidos por la suba serían usados para pagar los bonus de ahorro para quienes economizaron más allá de la meta.
En la lista de medidas se advertía que quien no cumpliera la meta estaría sujeto a cortes de suministro por tres días la primera vez, y seis días en caso de reincidencia.
Los consumidores de baja tensión industriales y comerciales tenían la misma meta (80%), pero si el consumo no había sido compensado por un ahorro anterior, sería cobrado y dejaría al consumidor sujeto a cortes. Si se consumía por debajo de la meta, ese «ahorro» podía ser vendido por el consumidor a la distribuidora o acumularse para su uso futuro.
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