El distribución del ingreso dejó una foto que combina cierta estabilidad estadística con una persistente desigualdad estructural en el cuarto trimestre de 2025. De esta manera, la distancia entre el 10% más rico y el 10% más pobre de la población se mantuvo en 13 veces, sin mejoras respecto al año previo, según informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Radiografía de la desigualdad: el 10% más rico gana 13 veces más que el más pobre
El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, se ubicó en 0,427, apenas por debajo del 0,430 registrado un año atrás. La mitad de los ocupados gana menos de $800.000.
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La mitad de los ocupados gana menos de $800.000 en Argentina.
El coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, se ubicó en 0,427, apenas por debajo del 0,430 registrado un año atrás. Esto muestra que pese a la baja de la pobreza, algunos indicadores no logran revertir una matriz distributiva que continúa concentrando ingresos en los sectores más altos.
Si bien la variación es marginal, confirma un escenario de estancamiento. Es decir, que la desigualdad no se profundiza, pero tampoco cede de manera significativa pese a la mejora del dato de pobreza. El 10% más rico concentra el 32,3% del total de los ingresos, mientras que el 10% más pobre apenas accede al 1,8%.
Ingresos: la mitad de los ocupados gana menos de $800.000
El ingreso promedio de la población ocupada fue de $1.068.540, pero la mediana se ubicó en $800.000. Esto implica que la mitad de los trabajadores gana menos que ese valor, lo que evidencia una fuerte dispersión en los salarios y una concentración en los niveles más altos.
A su vez, los primeros cuatro deciles de trabajadores perciben en promedio apenas $392.439, muy lejos de los $2,5 millones que reciben los sectores más altos. Este dato se emparenta directamente con el salario mínimo vital y móvil que determina el Gobierno y se ubicó en $352.400 durante marzo.
Los salarios continúan siendo más elevados entre los trabajadores formales que en los informales. Quienes cuentan con descuento jubilatorio (empleo formal) tienen un ingreso promedio de $1.321.353, mientras que los informales perciben apenas $651.484.
Es decir, un trabajador formal gana, en promedio, el doble que uno informal, lo que refuerza el rol de la precarización como factor clave de desigualdad.
Brecha de género
La brecha de género también está presente en la distribución del ingreso, ya que los varones registran un ingreso promedio de $1.191.364, mientras que las mujeres perciben $838.336.
La diferencia no sólo se mantiene, sino que refleja una estructura laboral donde las mujeres están sobrerrepresentadas en los segmentos de menores ingresos.
Los ingresos totales crecieron 44,9% interanual en términos nominales. Sin embargo, ese incremento no se tradujo en una mejora distributiva. La desigualdad se mantiene prácticamente intacta y el crecimiento —en un contexto de presión inflacionaria— no alcanza para recomponer el poder adquisitivo ni reducir las brechas.
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