El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El punto de partida es recrear los valores e instituciones fundantes del ahorro y del crédito. Aquí reside el mayor daño material y moral irrogado al país por la algarabía irresponsable de devaluar sin plan, romper instituciones y contratos, destruir el sistema bancario, transformando el descalabro de la administración De la Rúa y la fiesta inolvidable de Adolfo Rodríguez Saá en la implosión institucional, económica y social en que nos debatimos.
No hay solución presente sin confianza en el mañana. Como en Manhattan luego del 11 de setiembre, se impone hacer el duelo, remover escombros y encarar el futuro. En la banca significa sanear, redimensionar y relanzar un nuevo sistema sostenible. Antes que nada descontaminarla. Las entidades inviables deben liberar el mercado a instituciones sanas o recuperables con el aporte de sus accionistas y redescuentos eventuales sumamente medidos y racionales. Sus ahorristas deben desinteresarse con bonos y sus acreencias se recuperarán a través del mercado.
Todas las licencias bancarias deben ser escrutadas y convalidadas a fin de que acrediten condiciones de solvencia, liquidez y eficiencia sostenibles o que garanticen su viabilidad en un tiempo prudencial.
El menor nivel de PBI y la dramática caída de la riqueza financiera doméstica nos conduce inexorablemente a un sistema financiero de menor tamaño. Volver a un PB per cápita como en 1988 es un desafío de muy largo aliento. Entre tanto, la economía no puede pagar márgenes y comisiones para cubrir el costo actual de la banca, aun ajustado por la devaluación. La depuración patrimonial y técnica es clave para una racionalización enlazada a la idea de contar con la mejor banca, con abstracción de nacionalidad, categoría, tamaño o especialidad.
Dejá tu comentario