Se cortaba con un cuchillo el ambiente pesado de la City, en una composición de calor pegajoso (anticipando tormentas) y en las incertidumbres que oprimían a los operadores bursátiles, pensando en la reapertura del lunes en Wall Street. Clima de mercados, también pegajoso, que podía estar anunciando tiempos tormentosos en la última semana.
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Estaba solamente como polo de atracción el hacer el correspondiente chequeo y recuento de «glóbulos» propios en el volumen: estando fuera de circuito el proveedor mundial. A la vista de los resultados, se podría asegurar que el mercado resultó más constante en punto a precios que a lo que debía mostrar en negocios.
Un Bovespa, que era el único referente apropiado, se mantenía también en posición expectante, con 0,12% de diferencia, con el Merval luchando dentro de las escasas fuerzas: por no decaer formalmente de la centena superior. Y tuvo un intradiario que lo llevó a ese nivel, con sólo 2.196, un máximo en los 2.217: y una clausura que le dio la posibilidad, con un poco de retoque, de sostenerse arriba en los 2.210.
Esto aportó diferencia de sólo 0,25% en baja, un resultado que no cambió para nada la fisonomía anterior.
La nota del día, buscando alguna, provino de Shanghai y un desplome de 4,4%, que lució como descomunal en la fecha de los demás mercados.
Y en negocios
Un contacto con la pobreza, después de estar en las alturas, unas diez veces por encima de lo de ayer. Apenas con $ 25 millones de efectivo se las debió arreglar nuestra rueda accionaria, sólo 6% de segmento. Una sorpresa, a juzgar por anteriores testeos, ya que podía suponerse que el operador local tenía más participación, últimamente. Seguía llamativa por demás, absoluta dependencia exterior, solamente queda el atenuante -posible-de que la atmósfera de temor que se respira afuera, por la vuelta del lunes en el NYSE, haya actuado sobre el mercado doméstico. Debería verse algo parecido hoy, en remate semanal desvaído. Y la Bolsa, en harapos.
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