Las próximas horas determinarán si la semana queda del lado ganador o del perdedor. No es que esto signifique realmente mucho porque, encontrándonos a la puerta del fin de un semestre, mucha de la actividad y los volúmenes que se están viendo obedecen al clásico "window dressing" que se produce cuando los inversores institucionales se enfrentan con la obligación de mostrarles a sus clientes los buenos papeles en que se encuentran posicionados. Esto genera una corrida en la cual los managers se desprenden de lo peor del período para posicionarse con algunos de los ganadores. Esto que produce unos movimientos brutales en el mercado, al recalentar lo que ya está caliente golpear lo que fue castigado, no es más que una sarta de espejos de colores, pero sirve para quienes quieren seguir conservando su trabajo. Las últimas cuatro jornadas han mostrado un comportamiento clásico de este fenómeno, por lo que resulta difícil pretender sacar conclusiones sobre el futuro, sólo sobre la base de los vaivenes del mercado. Esto, aun cuando en la última rueda el Promedio Industrial trepara un "buen" 1,64% para quedar en 9.269,92 puntos y el NASDAQ subiera 2,09% con más de 1.800 millones de acciones negociadas en el mercado tradicional y 1.900 en el electrónico. Es cierto que hubo un cúmulo de noticias positivas, desde las clásicas levantadas de pulgar de las casas bursátiles hasta los datos de la macroeconomía, pero la alta volatilidad que mostró la rueda evidenció que la suba no fue tanto una cuestión de un "consenso" optimista, sino el resultado de la puja entre alcistas y bajistas.
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