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23 de junio 2006 - 00:00

Críticas a EE.UU. y elogios para Morales y Chávez

España espera de la Argentina más que antes, por caso, que ejerza un rol equilibrador de los excesos de otros países de la región. Ayer, Néstor Kirchner usó los micrófonos para definir su geopolítica, al menos en el nivel del discurso. Criticó a los Estados Unidos que, dijo, no ayudaron a la Argentina en la crisis, que demonizan a Hugo Chávez y ofrecen integraciones imposibles con el ALCA. Defendió al presidente de Venezuela como un buen vecino y sobre el de Bolivia dijo que se justifica lo que hace pero que con el tiempo irá dando respuestas.

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En el ayuntamiento de Madrid, Néstor Kirchner fue declarado visitante ilustre por el alcalde del Partido Popular, Alberto Ruiz Gallardón. El Presidente destacó la solidaridad española con los argentinos exiliados en la década del setenta y en la crisis económica de 2001.
Madrid (enviado especial) - Habló más pausado que de costumbre. Dejó los papeles de lado. Empleó 35 minutos en exponer lo que piensa sobre las principales imputaciones que se le formulan a su gobierno desde el campo empresarial, sobre todo extranjero. Fue como una sesión psicoanalítica, ayer, la de Néstor Kirchner en la Casa Damónico, una residencia en las afueras de Madrid donde los principales empresarios de España, que se reúnen en las Cámaras de Comercio, lo agasajaron con un almuerzo. Más de un español opulento y ortodoxo, de los muchos que había en el almuerzo, casi se atraganta con la cecina (una bresaola de vacuno desconocida hasta para Jorge Pereyra de Olazábal) y el queso de cabra cuando escuchó: «Se habla de populismo para caracterizar al gobierno de Evo Morales. O al de Hugo Chávez. Es un concepto antiguo, que no existe más. Esos son gobiernos de tinte progresista. Para hablar de lo que hace Evo hay que pensar qué país encontró, cómo fue saqueado, la pobreza que existe». Después caracterizó al aymara casi con las mismas palabras que utilizó para hablar de sí mismo durante la conferencia de prensa ofrecida en La Moncloa: «El está en un proceso de adecuación y reconstrucción paulatina» y debe entenderse que Bolivia «está intentando salir de la destrucción».

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En defensa de Chávez fue más allá, acusando a los Estados Unidos de una especie de doble moral al atacarlo. «Se quejan de que yo le vendo unos cientos de millones de dólares en bonos, pero Estados Unidos deja en Venezuela u$s 25.000 millones al año por los productos que le compra. Chávez es un gobernante solidario con los demás países de la región.» Habrá que retener este argumento: será un leitmotiv de la campaña si es que Roberto Lavagna insiste en hablar de «la patota venezolana», algo que para Kirchner indica claramente que su ex ministro ha recibido algún estímulo del Departamento de Estado, como comentó entre sus íntimos.

La idea de que de las crisis se sale más rápido y mejor por caminos de excepción, un argumento que utilizó para justificar a Morales y también a sí mismo, por la tarde, en La Moncloa, quedó como un concepto central de Kirchner. En el almuerzo de ayer lo formuló explícitamente, bajo la mirada atenta de varios empresarios argentinos. De Santiago Soldati (con su hermano Alejandro fue el único invitado por el rey a su almuerzo del miércoles) a Alberto Alvarez Gaiani, de Raúl Fiscalini a Ricardo Fiorito. Kirchner sostuvo que la estabilidad está más garantizada por los números saludables de la economía que por las reglas de juego más o menos rígidas que pudieran fijarse. Puso un ejemplo que parece de sentido común: «La convertibilidad, durante los 90, produjo déficit y mayor endeudamiento hasta llegar a un punto en que todos ustedes sabían que iba a estallar; no los habrá tomado por sorpresa.» A partir de allí enumeró las cifras actuales de crecimiento (9,2%), reducción de la pobreza (de 72% a 36%) y de la indigencia (de 27% a 11%), dijo, haciendo gala de una memoria llamativa para las cifras que siguió citando de memoria sobre distintos rubros. Con esa aritmética, que fue variando a lo largo del viaje y de las horas, expresó el argumento más directo del viaje: «La de hoy es estabilidad, seguridad, previsibilidad. Estos números deberían hacerlos pensar en invertir».

En ningún momento de su exposición -ni de toda la gira- Kirchner se vio tentado de defender la idea de que las reglas de juego estables favorecen la llegada de inversiones, sobre todo en un mundo globalizado y en el cual el dinero parece costar día a día un poco más. Más bien la idea del Presidente fue la contraria: contraponer reglas a estabilidad (el caso de la convertibilidad, con su rigidez y renuncia a la política monetaria le facilitó mucho la falacia, es cierto). El argumento es especialmente provechoso, como se demostró ayer, cuando se toca el punto más crítico de la interlocución con los empresarios.

El presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio de España, Javier Gómez-Navarro, hizo notar, con la delicadeza que emplearon todos los españoles durante este viaje, que «los empresarios españoles están muy condicionados por el problema de los costes de los servicios públicos cuando examinan la posibilidad de invertir en la Argentina». Quiso ser alentador, pero le dio la oportunidad a Kirchner de exponer, crudamente, su teoría sobre la suba de tarifas (tesis que vuelve sospechosas sus promesas de producir el ajuste): «La Argentina vivió una crisis muy profunda, muy dolorosa, que afectó a todos; todavía estamos en el infierno.

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