Córdoba (enviado especial) - «No se puede pedir tipo de cambio alto y baja de retenciones al mismo tiempo: quien lo hace se engaña a sí mismo o los engaña a ustedes.» La dura afirmación del ministro Roberto Lavagna parecía tener un solo destinatario: el gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota. Es que el mandatario cordobés había calificado de « impuesto inmoral» a las retenciones a las exportaciones la noche anterior, ante el mismo auditorio conformado por medio millar de empresarios que participaban del Foro Nacional de la Industria, organizado por la UIA.
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No fue casual, entonces, que De la Sota no estuviera sentado a la diestra del ministro en la mesa principal del acto de clausura. Lo reemplazó el vicegobernador Juan Scharietti, que tuvo la dura misión de soportar a pie firme el fuerte embate que lanzó el titular de Hacienda contra su jefe.
Tampoco resultó casual que Miguel Peirano, secretario de Industria; y Federico Poli, subsecretario Pyme, prefirieran deplazarse en democráticos taxis hasta un restorán del barrio General Paz y compartir una larga cena con periodistas y gente de la UIA, desechando la invitación de De la Sota para comer en su residencia.
Es que hay mucho enojo en el equipo económico con los dichos del gobernador. Consciente de esto, De la Sota habría intentado comunicarse ayer con Lavagna -antes de que éste partiera hacia la capital cordobesa- para explicarle las razones y el sentido de su discurso. Como la comunicación no se realizó (el ministro se negó a atenderle el llamado), De la Sota optó por ahorrarse (y a Lavagna) un mal momento, enviando a Schiaretti en su reemplazo.
Lo más llamativo del caso es que Lavagna había abierto su discurso con una profesión de fe sobre su respeto, el del equipo económico y el del gobierno en general, por otras ideas sobre la economía. Ese arranque pluralista le duró poco: luego de caracterizar de « fracasadas» a las políticas que se oponen a la instrumentada por él, embistió contra el discurso de De la Sota y calificó de «el peor error que el país podría cometer» a la creencia de que el dólar está sobrevaluado. Otro hecho llamativo de una jornada que había comenzado con mesas redondas sobre el cine y el turismo como industrias pujantes y nuevas, siguió con exposiciones de dos grupos nacionales medianos (uno de alimentos, otro de autopartes) sobre su proyección al exterior (en línea con lo dicho por Poli, que habló de que ya hay 3.000 pymes que exportan), fue la suspensión de la conferencia de prensa que había anunciado Héctor Méndez, presidente de la UIA. El dirigente fue aconsejado por varios de sus pares del Comité Ejecutivo -sobre todo el ex presidente Alberto Alvarez Gaiani, el vice Héctor Massuh y el otro vice Federico Nicholson- sobre la inconveniencia de hablar después de que lo hubiera hecho el invitado «estrella», o sea Lavagna. La idea original había sido conversar con los periodistas el lunes, o sea el primer día del Foro; sin embargo, ésta fue rápidamente descartada en función de la tensa situación que se había generado entre Economía y la UIA la semana pasada, sobre la que ya han corrido ríos de tinta para explicarla y desmentirla.
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