31 de enero 2001 - 00:00

Cupones Bursátiles

Si hemos de enganchar lo visto ayer, respecto de Soros y sus reflexiones sobre mercados y empresas, deberíamos inferir que este enero de las Bolsas, en especial de la nuestra, debe poseer un alto contenido de «opinión de mercado» y un escaso porcentaje de «fundamentos empresarios». Y si se quiere tratar de encontrarle explicación a casi 30% de suba en sólo un mes, para un mercado que recién está asumiendo que en su país tuvo que venir un blindaje/salvataje. Y que no se sabe bien por dónde y cuándo comenzará a crecer, lacónicamente no queda otra que llegar a esta fórmula del «golpe de mercado» por vía de analistas que decidieron variar los «fundamentos»: pero, de ser así, también en poder de ellos cuando decidan que es hora de descremar lo conseguido. A todo esto, los valores intrínsecos están en segundo y lejano plano, sin que a nadie importe demasiado el bien que se transa, sus posibilidades futuras, sino -y esencialmente- comprar a un precio para revender a otro. Donde entra en juego aquella vieja «teoría del tonto» y por medio de la cual «hay que comprar a $ 10 cualquier cosa, porque siempre habrá un tonto que la pague a $ 12». Y, justamente, eso es lo que describe Soros en su nota, cuando habla del boom de Internet. Cuenta que su apuesta a la caída de los valores de las acciones del NASDAQ estaba centrada a mediados de 1999. Y obró en consecuencia. Vendiendo a rejatabla posiciones. Pero, amargamente refiere, el mercado hizo un cabeceo bajista y volvió a recomponerse: dejándole, según sus lamentos, grandes pérdidas.

Y por allí deja escapar el concepto, viejo por otra parte, de que «la gente aprendió a que era rentable comprar acciones deprimidas, y no dejaron el hábito hasta que dejó de ser lucrativo...». Esto es, que cuando se produjo la baja, apareció el viejo cántico de «es buen momento para comprar» y al seguir invirtiendo la gente misma neutralizó la baja y volvió a darle cuerda al NASDAQ hasta su terrible caída de 2000. Algo muchas veces visto en la historia, en todos los ciclos, y cuando se advierten oleadas de órdenes tomadoras --cuando hay una declinación fuerte en un mercado que venía glorioso- porque muchos tienden a suponer que es una buena ocasión de entrada, al tomar en $ 8 los que valía $ 11 hasta hace poco. Como se ve, nada nuevo bajo el sol, por más Internet o nuevas operatorias: la reacción humana sigue estando presente ahora, como hace 200 años, y se sigue recorriendo -con diferente tecnología- que caminaron nuestros bisabuelos. Los impulsos primarios, de codicia y temor, como los grandes motores del mercado.

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