14 de febrero 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Cuando Rafael realizó el fresco donde aparece José, interpretando los sueños del faraón, no sabría que estaba inmortalizando una implacable «teoría de los ciclos», de donde así como en Egipto resultaban «siete años de pobreza y siete de abundancia», en el mundo el péndulo nunca pudo evitarse: y por más tecnologías, avances científicos, que se quieran aplicar. La única habilidad de los gobernantes y sus auxiliares, titulados con asesores, resultó ir variando los vocablos para que ese ciclo infalible no parezca llegar puntual, al estilo de un cometa Halley.

Un seguimiento de los cambios terminológicos, imponen de las siguientes variantes, según las épocas. Lo que hoy denominamos «crisis», hasta 1907 en Estados Unidos, recibía el nombre de «pánico». Desde ahí en más, se procuró suavizar el calificativo de situaciones muy comprometidas: y se difunde el de «crisis»... Pero, como todo llega a una cumbre, y muy borrascosas, la reina de todas las «crisis» (la señorita del '29) obligó a quitarle voltaje a la explicación: y, desde entonces, se reemplazó la crisis por la inaugurada era de la «depresión». Tampoco gustó del todo, era bastante agorero -y depresivo, vaya paradoja- así que se observó que una «depresión en perspectiva sería -como máximo- una 'recesión'...» Al llegar los '50 había que sacudirse las recesiones, porque la gente se aficionaba a crear en ellas y a ponerse a la defensiva. Entonces, llegó la excelencia del lenguaje político-económico, asociado con el marketing: se lo llamó «movimiento deslizante». Pero, venía en dos modelos para poder elegir. La variante era decir: «oscilación de reajuste...».

Tal como lo relata John Galbraith, en su compilación, un asesor de Richard Nixon -gobernante que tuvo varias novedades, además del Watergate- llamado Herbert Stein, se fue de largo en la curva idiomática e instaló un calificativo, que todavía perdura: la famosa
«corrección de crecimiento». Y los cambios han seguido, si bien la expresión «crisis» se puso nuevamente de moda con Asia, Rusia, Brasil, sin olvidar a México, y estallando en la Argentina. Puede agregarse otro modelo terminológico, siguiendo con expresiones compuestas. Al término «efecto» se le adiciona algo representativo del país involucrado, o países. Así, se inauguró con el efecto tequila, obvia alusión a los del Norte. Estuvo el efecto arroz, se llegó al efecto caipiriña de nuestros vecinos: y terminando en nuestro efecto tango. En verdad, fuimos los que más cambiamos de estado y de enfermedad: porque arrancamos con «recesión de 1998, se quiso mantener esto hasta que ya hubo que hablar de «crisis», hacia el año 2000. Se elevó la cuestión a «depresión», para rematarla con Duhalde confesando lo peor: la enfermedad se llevó al paciente, con el país «quebrado, fundido...». Fíjese lector, los ciclos siempre están, lo que se denominaba «pánico» llegó a bajar a «corrección». Pero, a egipcios y argentinos... los une el mismo espanto.

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