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Tal como lo relata John Galbraith, en su compilación, un asesor de Richard Nixon -gobernante que tuvo varias novedades, además del Watergate- llamado Herbert Stein, se fue de largo en la curva idiomática e instaló un calificativo, que todavía perdura: la famosa «corrección de crecimiento». Y los cambios han seguido, si bien la expresión «crisis» se puso nuevamente de moda con Asia, Rusia, Brasil, sin olvidar a México, y estallando en la Argentina. Puede agregarse otro modelo terminológico, siguiendo con expresiones compuestas. Al término «efecto» se le adiciona algo representativo del país involucrado, o países. Así, se inauguró con el efecto tequila, obvia alusión a los del Norte. Estuvo el efecto arroz, se llegó al efecto caipiriña de nuestros vecinos: y terminando en nuestro efecto tango. En verdad, fuimos los que más cambiamos de estado y de enfermedad: porque arrancamos con «recesión de 1998, se quiso mantener esto hasta que ya hubo que hablar de «crisis», hacia el año 2000. Se elevó la cuestión a «depresión», para rematarla con Duhalde confesando lo peor: la enfermedad se llevó al paciente, con el país «quebrado, fundido...». Fíjese lector, los ciclos siempre están, lo que se denominaba «pánico» llegó a bajar a «corrección». Pero, a egipcios y argentinos... los une el mismo espanto.




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