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En la estrepitosa debacle se registró una pérdida de precio hasta de 70%, promedio, en sólo dos meses. El entusiasmo llevó a la euforia, la Bolsa ganó la calle y la carencia de alternativas de inversión en aquellos tiempos, llevó a todo el mundo hacia las acciones. Una suerte de los «locos años '20" en Nueva York (donde hasta los lustrabotas daban la fija del día, antes de iniciar las operaciones) pero, hecho en reducidas proporciones. No existía la inversión externa, ni los fondos comunes, todo se resolvía entre nosotros y era el juego del más astuto, del más poderoso y -lo que es peor- también del más corrupto... Préstamos al grupo de control de las dos acciones que se hicieron las líderes del movimiento y la especulación feroz, ventajas de juego que a otros no se les brindaba. Los mismos directivos de la Bolsa protestando, advirtiendo que se había armado un castillo de naipes y que al quitar la baraja de abajo todo se vendría a pique. Oídos sordos. Informate más
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