27 de marzo 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

El fin de semana, de modo apresurado y devorando cuanto programa político económico apareciera (es la moda, competir con el fútbol a través de las finanzas), el sufrido ciudadano tenía que pensar, y repensar, la estrategia para la semana siguiente. Estar mentalmente en el lunes, de una semana tan corta y como a pedido del gobierno, constituyendo un convoy de feriados, para tener los mercados cerrados. Que a tal punto se cotizan los días de permanencia en la colina del poder, esperando por esos refuerzos que nunca llegan...

La delegación nacional retornando de México con la sensación de una goleada en contra, la selección «B» que se quedó a gobernar el país debiendo dar cuentas de otra goleada, todavía más dura de asumir. Y, entre ambos seleccionados, buscar una táctica para enfrentar los devaneos del dólar. De resultas de lo cual aparecía en los matutinos del domingo la idea de Economía acerca de secar la plaza de pesos para evitar que se sigan yendo a la conversión. Una «convertibilidad» a la que todo el mundo se aficionó y que se sigue cumpliendo; después de todo, nunca en la ley original se aclaraba que era del «uno por uno»; por lo tanto, se efectiviza la idea de convertir moneda nacional por moneda extranjera. La equivalencia es otra cuestión; no está en juego esto al hablar de convertir un billete en otro...

El asunto es que todo el mundo en nuestro país tenía que salir a ese lunes de cortísima semana, sabiendo que -otra vez- cambiaban las reglas de juego financiero.


Cualquier principio de alguna reactivación, de gente gastando un poco más, de comerciantes notando que podían mejorarse los terribles meses anteriores, y la misma recaudación impositiva... pues, todo eso, jugado a un nuevo apretón financiero y que cambie el frente de combate. ¿Qué hacer? ¿Qué proyectar? El gerente financiero llamado de urgencia al despacho mayor, dejando en segundo lugar al de la producción, todo al revés de lo que se predicaba desde arriba y donde se habló de dar un giro con acento en producir y no en el aspecto de los mercados del dinero.


Nadie volverá a entender demasiado nada; tampoco conviene hacer demasiado esfuerzo y buscar dibujar la nueva estrategia, porque en unos días más quizá las reglas se varíen de medio a medio. Es lo que hay. Muy poco. Deshilachado. Casi flecos. No faltan los viejos «zumbadores» que completaban aquellos fantásticos barriletes (llamados «bomba» y a los que había que remontar con el mejor de los hilos «chanchero», o se cortaban ante un viento fuerte). Una vuelta al pasado, a un pasaje de niñez que tiene mucho de metáfora para actuales momentos argentinos. Los flecos, los zumbadores, la bomba, el hilo que se corta...

Dejá tu comentario

Te puede interesar