Cupones bursátiles
-
Plazo fijo en abril: cuál es la tasa de ganancia si deposito $500.000 a 30 días: diferencias con home banking y sucursal
-
Déficit turístico: pese a una leve mejora en el inicio del año, advierten que el Mundial puede presionar la salida de dólares
5.- Ciencia sin amor a la humanidad.
6.- Religiosidad sin sacrificios.
7.- Política sin principios... Y si quiere algún estimulante natural, para enfocar de otro modo este escenario difícil, podemos rematar con algo de Winston Churchill (que algo sabía, en eso de levantar espíritus para la lucha)...
«Un optimista ve una oportunidad en cada calamidad, un pesimista ve una calamidad en cada oportunidad».
Sin saberlo, aunque fue un gran jugador de Bolsa y se arruinó con ella un par de veces, sir Winston dejó una buena definición para aplicar en el sistema. El eterno choque de optimista vs. pesimista. Que es del modo en que se arman las plazas y las contrapartidas. ¿Es posible ver, en esta calamidad que vivimos, una buena oportunidad para armar negocio a futuro? No adherimos al optimismo como simple acto reflejo, o instintivo, sin el concurso del raciocinio. Porque se puede derivar en cierto fanatismo, que es el que nos hace ver siempre que lo que viene es mejor: y cuando las tendencias son adversas, nos arrastran consigo por una oposición tenaz, sin reconocerlas.
Alguien arrojó una buena opinión, cuando apuntó que: «el precio de la acción no importa, sino el momento de compra» y por allí podemos congeniar, ya que se trata de momentos donde se establecen pautas para ganar, o perder mucho. Hay un concierto de compañías incumpliendo compromisos, viendo multiplicados los pasivos, que -ciertamente- ya eran lo suficientemente impagables sin que mediara ninguna devaluación (lo que hizo ésta fue darles un escudo, donde poder renunciar al pago y ver qué sucede). Un dedo mal colocado, una elección equivocada, y se puede llevar el gran chasco. Y a esto, agregar cualquier medida de parte de un gobierno que se mueve a convulsiones. Bravo.




Dejá tu comentario