8 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Son tiempos de crisis. Que no parecen estar cediendo y el propio presidente de la Nación, se encarga de anunciar tiempos todavía más duros. Hay que buscar alguna reflexión, quizás alguna simple pero creíble, para cuando sobrevenga alguna nueva y radiante Nación... Quienes todos lo quieren retorcer, suelen ser los que proponen largos códigos, enormes articulados, constituciones kilométricas -que después, nadie respetará-, y formando una maraña que sirve de muy poco y traba todo.

¿Qué tal si intentáramos con algunas muy pocas reglas, principios de convivencia, de algún autor confiable? ¿Qué le parece seguir algún conjunto de anuncios sobre lo que no debe hacerse más, evitarse a ultranza? Y con la firma del Mahatma Gandhi, estos certeros «Siete Pecados Capitales», de una sociedad:

1.- Riqueza sin trabajo.

2.- Placer sin conciencia.

3.- Conocimientos sin carácter.

4.- Negocios sin moral.

5.- Ciencia sin amor a la humanidad.

6.- Religiosidad sin sacrificios.

7.- Política sin principios... Y si quiere algún estimulante natural, para enfocar de otro modo este escenario difícil, podemos rematar con algo de Winston Churchill (que algo sabía, en eso de levantar espíritus para la lucha)...

«Un optimista ve una oportunidad en cada calamidad, un pesimista ve una calamidad en cada oportunidad».

Sin saberlo, aunque fue un gran jugador de Bolsa y se arruinó con ella un par de veces, sir Winston dejó una buena definición para aplicar en el sistema. El eterno choque de optimista vs. pesimista. Que es del modo en que se arman las plazas y las contrapartidas. ¿Es posible ver, en esta calamidad que vivimos, una buena oportunidad para armar negocio a futuro? No adherimos al optimismo como simple acto reflejo, o instintivo, sin el concurso del raciocinio. Porque se puede derivar en cierto fanatismo, que es el que nos hace ver siempre que lo que viene es mejor: y cuando las tendencias son adversas, nos arrastran consigo por una oposición tenaz, sin reconocerlas.

Alguien arrojó una buena opinión, cuando apuntó que: «el precio de la acción no importa, sino el momento de compra» y por allí podemos congeniar, ya que se trata de
momentos donde se establecen pautas para ganar, o perder mucho. Hay un concierto de compañías incumpliendo compromisos, viendo multiplicados los pasivos, que -ciertamente- ya eran lo suficientemente impagables sin que mediara ninguna devaluación (lo que hizo ésta fue darles un escudo, donde poder renunciar al pago y ver qué sucede). Un dedo mal colocado, una elección equivocada, y se puede llevar el gran chasco. Y a esto, agregar cualquier medida de parte de un gobierno que se mueve a convulsiones. Bravo.

Dejá tu comentario

Te puede interesar