12 de abril 2002 - 00:00

Cupones Bursátiles

No vamos por ningún camino, no ya por uno malo, cuando todos los días -y obedeciendo a una estrategia que parece conjunta-surge una empresa de las pesadas que quedan, anunciando que no habrá de responder a compromisos con el exterior. A renglón seguido, informando que ha contratado a tal o cual consultora de nombradía internacional, como para empezar a buscar nuevos arreglos. Pero, esto es ya una costumbre que se advierte adentro, donde la cadena de pagos quedó convertida en una debilucha «soguita», antes que cadena, mellada, como hecha del peor hilo de envolver pizzas (de esos que el pizzero aprovecha para lucirse, al envolverlo y cortarlo con el meñique... Cosa que nunca podremos hacer, los que estamos del otro lado del mostrador). Una suerte de nadie le paga a nadie, donde todo flota y todos estamos boyando, buscando algún tronco de donde agarrarnos, o de la aleta dorsal de un tiburón, con tal de que sobresalga del agua.

En tanto, predomina el estar al tanto de cómo cotiza el «dobledólar», el artificial y el de verdad, en una especie de acuerdo entre medios, como para presentar la cotización del Central y las del coro de niños cantores, diciendo que es el «dólar libre». Las otras estadísticas, las que van dando plena razón al politó-logo francés, informan secamente que «los despidos crecieron 17 veces y las suspensiones casi se duplicaron...».

La firma que proporcionó los datos, la consultora llamada «Tendencias Económicas», ensaya la conclusión al decir que: «la pronunciada caída de la actividad económica y ausencia de crédito se tradujo en un nuevo aumento de los despidos y suspensiones...». (Entre paréntesis, no recordamos bien o ¿no es que había una norma que impedía despedir por seis meses, o algo así?). Exacto, nos dirá un informado, pero siempre y cuando: «no haya causa justificada». Aaaahhh, ahora no quedamos más tranquilos... (Pensando que la causa justificada, es a criterio de los que la quieran justificar: por cualquier motivo).


En otro enfoque de la vapuleada sociedad argentina de hoy, uno se entera del «identikit» de quien fuera agresor del Dr. Roberto Alemann. Veloces diligencias permitieron identificar al agresor que -como pocos pensaban-era en realidad un «ahorrista» ofuscado, no un «activista» ofuscado, a través del fiscal Alfredo Della Giustina que actuó de oficio. Actuar de oficio, entrar a escena en unas situaciones y no en otras: ¿es patrimonio de fiscales y jueces? ¿Pueden ellos elegir el hecho, ante el cual intervenir? Si es que pueden, eligen bien, desde el punto de vista de sus propios «rating». Nunca aparecen para defender a una persona común, que no tenga más relevancia que la de ser uno de tantos indefensos y atacados ciudadanos. Si unimos los eslabones, en el caso de hoy entre la «causa justificada» de despidos y «actuar de oficio», se esconde la misma sospecha de la Justicia a medida de algunos.

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