22 de abril 2002 - 00:00

Cupones bursátiles

Nuevo papelón, otra vuelta de tuerca a la desconfianza y a que cada uno que pueda rescatar algo de liquidez, decida clavarla lo más lejos posible de manos nacionales. Un decreto que se difunde de antemano, algo tan crucial acerca del dinero de la gente, de terceros manoseado como si fuera de los funcionarios. Los que tendrían derecho a hacer y deshacer, a ponerse y no ponerse de acuerdo con el capital de su empresa. Pero, es una falta de respeto estar a los tirones, sobre los depósitos que se confiscaron del modo más grosero. Que el Presidente no firmará un decreto al que juzga de inconstitucional («claro, porque Duhalde es abogado», acota algún comunicador con cara de decir algo serio...). Un ministro que queda como un «paparulo», justo cuando está por viajar al exterior a poner la cara para ver si consigue, por fin, algunas monedas de los infructuosos pedidos realizados. Gobernadores que olímpicamente dicen que van a seguir emitiendo bonos, salvo que el Fondo les dé la plata para reemplazarlos. Otros, que piden que la cúpula del organismo deje de opinar abiertamente sobre el país, invocando a los «chicos que se mueren...», no quejándose de lo incorrecto de conceptos, sino que el asunto es: no mencionarlo. Y encaja justo con algún pensamiento, de alguien que pensaba en la dirección correcta y unos hacía levantar cabeza por el mundo. Jorge Luis Borges había encontrado que «uno de los mayores defectos de los argentinos es la hipocresía. No importa que las cosas sucedan: lo importante es que no se sepan...».

Algo así es lo que ciertos iluminados representantes, de-ean del resto del mundo: que las cosas no se sepan, más allá de que sean -o no- verdades. Y así seguimos, cada vez más cerca de la onda de succión que ejerce el embudo, como cuando el agua del lavatorio apresura la velocidad de sus giros para irse por la rejilla. Se está come-tiendo una pila de errores de todo tipo, pero con una diferencia: ahora se lo hace cada vez a mayor velocidad. Y no porque así lo deseen los gobernantes, sino porque esa succión los está arrastrando al embudo y lanzan ideas, proyectos, anuncios, en racimos, de los que después no llegan a concretar ninguno. O alguno, mal. Reflejos por todas partes y en nuestra Bolsa, tras haber fundido en un solo volumen toda la hacienda (acciones ordinarias locales, con certificados que no son acciones, foráneos) se produce el avance quizá definitivo de los segundos. Es un
momento histó-rico, que no debe ser feliz como muchas veces se cree interpretar a la expresión: es histórico, si esto se sostiene, como el punto donde las especies extranjeras desalojaron del protagonismo a las emitidas en el país. Hay varios días seguidos de estar dominando nítidamente en el porcentaje, a los CEDEAR sobre las del Merval.Y casi con una lágrima, tener que reconocer que al sistema se lo está ya sustentando con cotizantes del exterior, o nuestra Bolsa se estaría evaporando...

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