No es de ahora, y el lector consecuente con la columna lo sabe, que pusimos el ojo crítico sobre la incorporación de una práctica del mundo globalizado, pero que nos era totalmente ajena a los argentinos. Ni una cosa, ni la otra, no es malo que provenga de otros mercados, de otros modos de manejarse, como tampoco es necesariamente «bueno» y como siempre lo llevan los interesados. No sabemos si cronológicamente ha sido así, o si existieron otros adelantados en la propuesta, pero tenemos como la entrada práctica al mundo de las «recompras de acciones propias», más allá de las cruzadas dentro de un mismo grupo empresario, a quienes se llamaban periodísticamente por aquel entonces, como: «Grupo Soros». Finalmente esa participación de tan legendario, cual desagradable, dentro del complejo empresario nunca estuvo demasiado clara. Pero, no hace a la cuestión, sino que lo que nos proponemos hoy es observar una referencia del último balance presentado por la empresa Cresud y donde se pone de manifiesto lo desafortunado que resultó para sus accionistas, la compra de acciones de IRSA a través de distintas etapas. Repasemos la explicación del directorio a los accionistas minoritarios, los que nos deben interesar en la composición del capital. «Durante los tres primeros trimestres del ejercicio, la pérdida por operaciones financieras ascendió a $ 10 millones, debido principalmente a operaciones con títulos y acciones...». No es poco dinero y menos para una sociedad a quien no le fue mal, como a muchas otras, con el tema de la devaluación. Después, como queriendo justificar esas pérdidas y la motivación que tuvo, desliza lo siguiente: «Durante su último ejercicio, dentro de la estrategia de diversificación de inversiones, Cresud decidió invertir parte de su liquidez corriente a través de la adquisición de acciones de IRSA. Esta inversión se vio negativamente afectada por la coyuntura del mercado argentino...». A continuación, en el párrafo que más se puede objetar, la sociedad habla del valor libros, de una baja que había tenido de 55% y remata con «el consenso del mercado indicaba que se trataba de una gran oportunidad de inversión...». Hace agua por todos lados el concepto, el estímulo para la compra, en un renglón como el de IRSA que venía en franco descenso. Con un país que arrastraba su desastrosa economía y que desaconsejaba una inversión de riesgo. De hecho, mientras Cresud entraba, la Bolsa se venía en deserción al son del clarín. ¿Dónde estaban comprando, los que armaban tal «consenso» sobre lo barato de IRSA? Tratándose de «parientes» empresarios, deja bastante para pensar semejante inversión, de una liquidez que era preciosa para soportar la crisis. Ahora, corrigió el modo de valuar la tenencia, la pasó a «valor patrimonial proporcional» mientras los organismos de control miran -o, ni miran- y cada uno hace como le viene en gana. O, como si el capital, fuera enteramente de un grupo de control. Lamentable.
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