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Mejor no hurgar en cuáles han sido la base y los términos del supuesto «buen acuerdo», al que se arribó con los que aportan jubilaciones. Pero casi era sabido que esta primera ronda de arreglos resultaba como cazar a un tigre dentro de una jaula. Y lo cazaron, claro. (Más, cuando el propio tigre tiene la amabilidad de colocar su augusta cabeza frente a la escopeta de dos caños, con que la apuntan nuestros gobernantes.)
Ahora, viene la segunda etapa de la cacería, ya en campo abierto. Y no sobre «fondos buitre», porque el buitre tiene hábitos de comida sobre cuerpos muertos, carroña, no sobre organismos vivos, y ningún inversor del mundo, por más especulador que resulte, querrá ir a tomar activos totalmente muertos. En verdad, la nominación a tales fondos -si se los quiere ilustrar zoológicamente-debería ser el de
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