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1 de noviembre 2004 - 00:00

Cupones bursátiles

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Esta extrema elasticidad, posiblemente inducida por un astuto juego profesional, hace que los precios también se puedan ver estrujados, o resplandecientes, sin que aparezca una cámara intermedia o alguna señal que delate el cambio. Todo pasa por abrir o cerrar el grifo de la liquidez y esto proviniendo de las carteras que son capaces de definir la dirección de una rueda, distribuir golosinas o servir amargos tragos. Es el mercado que puede obtenerse ante la falta del concurso masivo, popular, que hace menos controlables los movimientos. También, cierto es, la participación masiva de los que solamente se arriman a una Bolsa en los instantes pico, que resultaban hacedores de los desbordes y euforias que culminaban de mala forma. Si a veces es difícil para el veterano operador poder salirse de la embriaguez de las alzas continuadas, lo es -naturalmente- mucho más para quienes entran suponiendo que han descubierto la veta: para «ganar siempre».

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