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Un gobernador que dice que le quieren atar las manos, un viaje a París con sobrecarga de tensiones en el avión y los representantes de los combatientes buscando hacer estallar una tregua, porque la guerra de trincheras se libra en otro frente y no queda bien que en el exterior adviertan esa desarmonía que nos persigue casi siempre. No sea que supongan que la Argentina es una nación donde las paces son apenas un alto entre dos batallas políticas. ¿Qué nos aguarda en el segundo semestre, ya más encima de lo electoral? Acaso ni Dios lo sabe a ciencia cierta.
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