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Desde siempre se ha sabido que no hay un solo motivo, sino varios que representan el argumento, la excusa, la supuesta razón, para que resulte un país poco proclive, en su empresariado, a decidir abrir el capital, buscar socios en mercado de capitales, suministrarse un capital fresco, casi sin costo alguno y donde los que brindan ese capital no revistan como acreedores, prestos a ejecutar cuando los ciclos se han invertido. El no estar en la vidriera con sus balances, pero resulta que con las otras emisiones tienen que estar también en ella. Temores a que «le copen la empresa» era otra de las razones reales, no siempre confesada. Pero a partir de esas «sábanas», con la informática, todo grupo de control está vigilante, sabe perfectamente si el papel muestra negocios fuera de lo habitual. Y hasta puede indagar el origen de los movimientos, con esfuerzo escaso. No hay modo, hoy en día, de coparle la empresa a nadie que no desee ser copado, o que resulte tan ingenuo como para estar descuidado. Esas emisiones a torrentes de ON, de la década pasada, mientras las sociedades no se listaban como acciones, nos promovieron más de una vez a solicitar que se «discrimine» en favor del sistema y del espíritu de una Bolsa. Esto era: que solamente pudieron acceder a emisiones de deuda, las que participarán con sus acciones de la vida plena. ¿Estaba mal? No lo creemos. Lo otro es servirse de un mercado, sin contribuir a su grandeza.



