7 de septiembre 2005 - 00:00

Cupones bursátiles

Es enorme la cantidad de empresas, muchas de ellas de suma importancia en el mundo económico nacional, que a lo largo de estos años han emitido Obligaciones Negociables lanzadas a la oferta pública bursátil. Por si algún lector solamente las reconoce de oídas, tales Obligaciones Negociables también conllevan ciertas obligaciones para los emisores: como lo es, el presentar sus balances con cierta periodicidad e informar de cuestiones que hacen a la marcha de la compañía.

Sin embargo, también muchas de tales empresas que colocaron ON se negaron a acceder a la vida bursátil plena, como lo es el cotizar sus acciones. Sobrevenida la durísima zona de la crisis, hemos leído hasta el cansancio los distintos modos que tener que repactar, negociar esas deudas asumidas en ON, que se habían convertido casi en un collar alrededor del cuello enflaquecido de las firmas: amenazando con ahogarlas. Y es que el accionista corre también con el riesgo del negocio, pero el que posee títulos de deuda es -simplemente- un acreedor más, de los financieros.

Muchos de tales títulos eran en dólares, realizados en pasajes económicos donde el mercado local e internacional se llevan las ON con total facilidad, muestra que se dio vuelta el ciclo, debiendo atravesar por penosos caminos para refinanciar. Ahora, cuando el país ha mejorado sus ratios, se han hecho y se preparan más emisiones de tal tipo: pero, nada en acciones.
 
Desde siempre se ha sabido que no hay un solo motivo, sino varios que representan el argumento, la excusa, la supuesta razón, para que resulte un país poco proclive, en su empresariado, a decidir abrir el capital, buscar socios en mercado de capitales, suministrarse un capital fresco, casi sin costo alguno y donde los que brindan ese capital no revistan como acreedores, prestos a ejecutar cuando los ciclos se han invertido. El no estar en la vidriera con sus balances, pero resulta que con las otras emisiones tienen que estar también en ella. Temores a que «le copen la empresa» era otra de las razones reales, no siempre confesada. Pero a partir de esas «sábanas», con la informática, todo grupo de control está vigilante, sabe perfectamente si el papel muestra negocios fuera de lo habitual. Y hasta puede indagar el origen de los movimientos, con esfuerzo escaso. No hay modo, hoy en día, de coparle la empresa a nadie que no desee ser copado, o que resulte tan ingenuo como para estar descuidado. Esas emisiones a torrentes de ON, de la década pasada, mientras las sociedades no se listaban como acciones, nos promovieron más de una vez a solicitar que se «discrimine» en favor del sistema y del espíritu de una Bolsa. Esto era: que solamente pudieron acceder a emisiones de deuda, las que participarán con sus acciones de la vida plena. ¿Estaba mal? No lo creemos. Lo otro es servirse de un mercado, sin contribuir a su grandeza.

Dejá tu comentario

Te puede interesar