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Si a uno se lo contaban de antemano, difícil era otro pronóstico que suponer que, con semejante nivel de órdenes, los precios debían verse con plazas «limpias», secas de oferta, saltando las agujas y con aumentos de importancia. No fue así, nuestra suposición estaba alejada de lo que se dio. Negarlo sería querer retorcer las evidencias, como para ganar una estúpida reputación de falsos profetas. Lo mejor es reconocer que hay una corriente vendedora de dimensiones iguales, o aun superiores, a todo el fuego comprador que se agregó hasta ahora. Disparando sin parar, la oferta siempre abasteció generosamente las posiciones. Y la fatiga llegó antes del comprador que del vendedor. La prueba: esa última jornada, donde después de alcanzar Informate más
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