La evidencia pura, sin retoques ni maquillajes, por encima de todo discurso analítico y búsqueda de argumentos en contrario, es tan simple como esto: el mercado, al menos el nuestro, se ha quedado con un volumen apenas de reserva. Y en virtud de ello los precios parecen de cartón, careciendo de un respaldo continuado que denuncie un cambio de actitud en los operadores principales.
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Sin negocios, no hay mercado. Y no hay ninguna ventanilla en el concepto, para poder entrarle y desafiarlo. Aun si se declarara una zona de baja más pronunciada, pero con fuertes incrementos de órdenes, tal vez resultaría más promisoria que ver el desvaído pasar de las ruedas para perder, reconquistar, volver a perder terrenos y terminar como el perro que se quiere morder la cola.
Hay un vallado inusual de problemas, que abarcan un espectro también poco frecuente en el punto de confluencia simultánea. Inquietudes en el mundo por conflictos bélicos amenazando con escaladas dramáticas, economías principales que están al ritmo de lo que marque la Fed en su tarea de saneamiento, movimientos de capitales que cambian de activos en masa y parecen no encontrar ningún puerto seguro. En consecuencia, siguen rotando y desamparando a unos, para recurrir a otros. Las Bolsas, en general, que se alinean en la flojedad de tendencia y no reciben la inversión necesaria para dar la vuelta.
Y en lo local, ya vemos el permanente choque de intereses y de discursos encontrados, bajadas de líneas, gobernantes que hacen de la controversia y la réplica un modelo de conducción, con lo que siembran desconcierto al por mayor y que se ve -por ahora- disimulado por cuentas de la economía que mantienen los nervios sofrenados.
Un decrépito y ya mucho más cuestionado sistema de control de precios, que muestra sus fisuras y apresura el descreimiento en los índices que se publican y la realidad de vidrieras y de góndolas. Está bajando la aguja de la «presión barométrica» en la sociedad, aquella que no indica que esté lloviendo: pero sí que hay altas probabilidades en tiempos cercanos.Y, de postre, otra desconcertante ronda de visitantes -Castro incluido- que tomaron a la Argentina como foro, de donde emergen las más ríspidas tendencias regionales.
Un enfrentamiento con nuestro principal motorcito de divisas, el campo, habrá que ver de qué manera culmina o de qué modo continúa, lo que sería mucho peor. Y todo lo que significa para otros sectores que vivieron timoratos y tienen en esto algún puntero para seguir. Es demasiado para no sentir la mochila en las espaldas de un mercado de riesgo. Y las espaldas bursátiles lucen como encorvadas ya, manteniendo un paso cansino y arrastrando los pies por las jornadas. Lo que parece aclarar, se oscurece. Lo que termina es sucedido por otro hecho: en infernal cabalgata 2006.
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