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16 de agosto 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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Muy malo siguió presentándose el rostro de agosto, mes de por sí urticante para el historial de nuestro mercado, habida cuenta de ciclos que se empezaron a desplomar a partir del octavo período. Se dirá, «bueno menos mal que ahora no se trata de desplomar nada», dentro de un ejercicio bursátil que venía tan lánguido como para acumular nada más que 5% en el índice, después de siete meses de labor. Y esto tomando como punta el fin del calendario anterior, sin contar lo sucedido contra los mejores momentos del cuatrimestre inicial y donde el Merval lucía -y parece increíble, visto desde el hoy- como para asaltar la línea de los 2.000 puntos. Pero, está bien, se debe tomar como estadísticamente se lo ha hecho, contra último día de 2005, que, en esta ocasión, nos entrega una versión muy «light» de lo que fue sucediendo en el trayecto. Y el pase de temperatura desde junio hasta la actualidad. No sólo en precios, sino que esto como derivado de una angustiante falta de demanda para acciones locales.

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Velozmente podrá surgir el clásico reclamo, acerca de mencionar que «el mercado está muy barato» en esos niveles, que flotan en torno a los 1.600 puntos.

Pero conviene también revisar el reverso de la moneda, a la vista de los trimestrales ingresados y los variados saldos que dejaron bastante que desear: si es que los precios internos se reacomodan a lo que parecen ofrecer como presente -y más, como futuro- las capacidades de ganancias empresarias. Podría suponerse que aquel impulso tomado a principios de año resultó un audaz movimiento, basado en suposiciones que después no se dieron. Esta resulta la visión más cruda de las que se pueden obtener de un análisis a mano alzada, sobre la situación teórica del índice. El de dar la razón al repliegue de nivel, que se ajustaría más a aquello que los activos en disputa son capaces de ofrecer, como presente y como posibilidad futura.  


Sabemos que no sirve de casi nada el concepto global, se deberán revisar y ver cantidad de balances trimestrales -luego, las «memorias» de junio- para poder seleccionar y agrupar las favorecidas y las perjudicadas. Pero, atención, lo malo del concepto global también es desechable para cuando se arroja que «todo está barato», o la Bolsa en sí vale poco. Hay sociedades que demuestran estar perdiendo margen de modo preocupante, hay otras que siguen positivas pero decayendo respecto de lo anterior. Y están las que siguen dentro de una marcha bastante inestable y riesgosa para predecir. Por encima del razonamiento sobre lo intrínseco, lo que corresponde al interior de la plaza, el mercado está como rodeado. ¿Será un anillo de fuego virtual, que casi nadie viene a tomar posiciones? Lo único sabido es que la Bolsa espera. (Mientras, se la sufre.)

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