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29 de noviembre 2006 - 00:00

Cupones bursátiles

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Ibamos a encarar con otro tema, pero velozmente tuvimos que volver sobre mercados ante una especie de «lunes negro», que hizo resonar con fuerza -por si nos habíamos olvidadola fatídica racha que tenían esas primeras ruedas de las semanas. Encalmados bastante tales efluvios sobre el primer día semanal, al parecer descargaron la mala energía con todo en este lunes pasado.

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Obviamente, la alusión a «lunes negro» no tiene la gravedad de los que marcaron la historia mundial en zonas de grandes desastres, pero sirve como para colgarles la etiqueta a ruedas demasiado sobresalientes: por malas. En este caso, la epidemia se expandió por casi todos los recintos del mundo; si se hubiera tratado de algo focalizado en nosotros, la cuestión luciría mucho peor.

Aunque sí se pudo comprobar que al llegar a nuestro Merval, los vientos negativos pegaron más fuerte.

Posiblemente por encontrar a un mercado que se iba encaminando -y soñando- con arribar a fin de ejercicio y acariciando los codiciados 2.000 puntos de valor, la sorpresa fue mayúscula. Y los efectos, más notorios. Se trataba de poder salir de posiciones con utilidades obtenidas del repunte habido desde mitad de octubre en adelante, ante lo cual los operadores aumentaron el ritmo de entrega. Pero era un espectáculo inimaginado el repasar la lista de las componentes del índice líder y ver, como si tal cosa, caídas numerosas en franja de tres a cuatro por ciento. El recurso de encogerse en volumen, obturando la entrega de más títulos debajo de ciertos límites, no alcanzó a ponerse en práctica. Y el día se enmarcó en $ 55 millones de efectivo: demasiado, para hacer de trinchera.  


De un plumazo, la visión de los 2.000 puntos se desbarrancó para quedar mirando en el cierre una cifra de 1.891 puntos: perdiendo todo el terreno ganado en la centena superior. Clásica muestra de que los «osos» son capaces de destruir en mucho menor tiempo aquello que a los «toros» les cuesta construir con bastante paciencia. Se notó un principio de estampida, un desorden total con tal de inyectar posiciones, donde -otro clásico- terminan sufriendo más las que resultan más líquidas y que pagan un costo por ello. Existió un vendaval de temores recorriendo el mundo; esta vez, Buenos Aires fue una de las más horadadas, una mella en el que sigue siendo un buen «movimiento» y todavía sin la corteza necesaria para poder rechazar ataques de cierta intensidad. Hay una demanda que se va entonando de a poco, pero tan sensible a cualquier contrariedad como para cortar la presencia de golpe. Que en medio de las tendencias firmes, se suelen asimilar con menos daño. Un final de mes que oscureció de modo repentino.

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