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27 de marzo 2007 - 00:00

Cupones bursátiles

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Parece que con poder augurar un buen crecimiento, lo demás importa poco. Como la seguridad jurídica, el respeto a lo convenido y firmado entre lo estatal y lo privado, la posibilidad de disentir sin que a uno le claven colmillos en la yugular, por nombrar sólo algunas cosas. Esto es como para suponer que no solamente habrá de mantenerse, sino que frente a un triunfo cómodo del oficialismo, los rasgos indeseados se pueden acentuar. O agregarse más avances y atropellos, con la sola razón de estar detentando el poder. Si se tratara de lo bursátil, para achicar el escenario y llevarlo a un ejemplo afín a lo nuestro, es como ver a un mercado que depare ritmo de crecimiento de los precios y que solamente con ello todos estén contentos. Y sabe qué... el historial argentino demuestra que, efectivamente, cuando la plaza bursátil ensayó una tendencia exuberante, a casi nadie le importó otra condición. No en los años recientes, pero basta con recorrer algunos cursos muy notables de nuestro «viejo recinto»,para que a uno se le ponga la piel de gallina. Como en el boom de 1948, que casi deja a todos sin trabajo en el sistema, motivado por la laxitud de las normas y pudiendo armar una enorme «burbuja» sobre la base de lo barato del crédito. A dejar sólo 10% de la posición en garantía y multiplicar las compras, hasta el infinito.

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Pasando por el boom de los años 60, donde no existía un organismo controlador (apenas una oficina dentro del Banco Central, a la que llamaban Comisión de Valores), cuando las acciones hasta se vendían con promotores, yendo de casa en casa (y hasta de algunas sociedades fantasma, que eran apenas un galpón sin actividad en un recóndito paraje). Fue la época de Frondizi, momento en el cual se llegó a las mentadas «600» compañías cotizantes: una buena parte, desaparecida en cuanto terminó el juego.  


Para qué seguir rememorando, la historia se ha repetido y la gente vuelve a preocuparse -en zona de alzas-nada más que por los precios en suba. Para solamente mostrar críticas y malhumor, cuando se está en época de crisis del mercado. Pero precisamente por eso es que tantas veces se ha vuelto a repetir el mismo cuadro. Todo está bien cuando se crece. Sólo se empieza a ver algo, o mucho, mal cuando las ganancias se hacen pérdidas. Un ejemplo de nuestro pequeño mundo bursátil, que acaso pueda resultar transportado a lo que comenzamos diciendo sobre el país en general. Hasta se ha admitido, ya mansamente, que aparezcan los índices de inflación que a los funcionarios les vengan bien.

Nada asombra, nada pasa de comentarios de sobremesa; los hechos -por peor olor que desprendan- se agotan en algunas ediciones de los medios. Hay caja, hay dinero en los bolsillos, todo está bien. Pero allí mismo se incuban los microbios de nuestras futuras crisis.

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