«Preocupa: gasta el gobierno 40% más», decía un título de tapa de Ambito Financiero del lunes. Y con una volanta que agregaba, «Como inflación, también lo maquillan». Repare el inversor local en noticias domésticas, porque a cierto plazo pueden ser las que impacten y produzcan implosiones: por más que ahora el entretenimiento diario pasa por saber a qué índice le toca el turno de conocerse en la economía del señor Bernanke. Que, justamente, el mismo lunes produjo parálisis nuevamente en los mercados, porque se difundió un indicador referido a «casas nuevas» (ya que están, podrían hacer uno de «casas viejas»...).
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Al rato, aparecía un mensaje de la Fed como para salir a equilibrar un poco el ambiente y los ánimos. Y todos los indicadores -salvo los europeos que llegan tarde a todas, por la diferencia horaria- allí salieron a provocar un repunte. Pero, el menú de la semana estaba armado para aguardar la catarata de índices del mismo país y obrar en consecuencia. Decíamos en días atrás que con las cuestiones que se están cocinando adentro, casi mejor que todos se dediquen a mirar por la ventana a los ricos del vecindario.
Obviamente, mitad en broma, porque por tanto desesperarse por seguir en la manada y solamente reflejar buenas y malas del mundo, se están dejando pasar de largo señales delicadas y que forman una nebulosa propia: a cierto plazo, pero que se tendrá que afrontar como esto se haga cada vez más notorio. Y todo indica que en año electoral que avanza, esos rasgos se harán más marcados. Derramar dinero para el consumo exuberante, para después maquillar índices de inflación, puede ser una formulita hasta que el cuerpo aguante. Pero, cuando los salarios se esfuman cada vez más rápido, ya no hay maquillaje que resista y el malhumor -típico- se establece. En la misma tapa del lunes, también se habló de salarios y allí se decía: «Firman por 16%, pero llega a 20%». Y no es broma que se inventen artilugios para disimular, porque los costos empresarios lo habrán de tomar de lleno y acorde con la realidad. Nada parece alarmar demasiado en un momento de caja rebosante; es el tradicional método argentino de no vigilar nada: mientras, la fiesta continúa. Y así pagamos muchas fiestas en nuestra historia...
No quedaba otra que esperar lo de ellos y copiar la dirección, el signo, y hasta el porcentaje de cambios en nuestro Merval. De tal forma amaneció una semana que prometía más turbulencias, con la chance de que lo difundido se pueda tomar como mejor que las expectativas y sacar resultados favorables en toda la línea. Si viene «picadito», habrá que estar dispuestos a los clásicos serruchos de los gráficos, la volatilidad a la orden del día y una tendencia de fondo que no aporte señales, sólo anárquicas. (Por ahora, el viejo Greenspan le gana a Bernanke.)
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